«Ciencias Ocultas» de Mike Wilson: una mirada al archivo humano

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Ciencias Ocultas se nutre del horror cósmico Lovecraftiano: el enfrentamiento con realidades que no somos capaces de aprehender y que, por consecuencia, nos descolocan, nos perturban.


Reseña por Ja’nos Kovacs, mediador de lectura.

Las ciencias ocultas prometen verdades que escapan al ojo de quienes aún no han sido iniciados en ellas. Luego de consolidarse en la escena literaria nacional con las novelas Leñador (Fiordo, 2016) y la noveleta en verso Ártico (Fiordo, 2017), Mike Wilson publica su sexto trabajo: Ciencias Ocultas (Fiordo, 2019). En esta novela, cinco personajes y una voz se instalan en un espacio doméstico inquietante, Wilson nos enseña un cuarto y, en él, a un cadáver rodeado de objetos, al centro de una escena que tiene por aristas a un lobero irlandés, una chica andrógina, un costurero chino y una anciana macilenta.

La nueva novela de Wilson es, en la línea de Leñador, una mirada al archivo humano. En ella se nos muestra una (re)colección de ítemes que tuvieron, alguna vez, antes de la muerte, un lugar en la obsesión de un sujeto. Pero en Ciencias Ocultas la investigación detectivesca está desorientada de lo que podría asumirse el eje central de la narración: el misterio que envuelve la desaparición de una vida. Así como quien deja regalos sin abrir, el narrador de Ciencias Ocultas elige enfocarse en la envoltura, lo que rodea al cuerpo misterioso, y lo que esto puede decirnos sobre lo que está más allá de lo co(g)no(s)cible. La resolución del acertijo a través de malabares intelectuales se deja de lado y es como si el misterio no estuviese ahí para ser comprendido; no hay nadie ordenando las piezas, nadie que nos entregue un mapa legible del tiempo pasado, presente o futuro. Y está bien. O debería estarlo. No todo tiene que ser resuelto. Hay cuestiones que escapan al lenguaje, y cabe preguntarse si la literatura debiese hacer algo más que mostrarnos los nudos y los vacíos, dejándolos sobre la mesa de quienes jugamos a leer.

En un principio, Ciencias Ocultas puede ser un desafío a la paciencia. La narrativa fluye y se estanca en la inspección, en el estudio detenido de los rastros dejados tras la muerte de alguien. Sin embargo, no hay más que una ilusión detectivesca. Hay culpa y una incógnita, de eso nos enteramos en las primeras páginas, pero la culpa no se disipa y el misterio no se resuelve con el trazo limpio y ansiolítico tan típico de las narrativas del género. El cuerpo del delito es abandonado. Nadie parece interesarse en resolver el misterio de su origen, o en explicar la presencia de quienes rodean el cadáver. Incluso el narrador, a pesar de sus descripciones exhaustivas, evita el cuerpo y se evade en lo que lo rodea: el aire y sus partículas flotantes, los muebles de época, una pestaña en caída libre o la geometría de un candelabro en el que se extienden telarañas abandonadas.

Al menos en términos de trama, es difícil sentirse satisfecho leyendo Ciencias Ocultas. Sin embargo, la novela de Wilson logra saciar otras hambres. El narrador juega con el tiempo y describe una habitación en la que se puede escapar del ruido. Leyéndola, existe la posibilidad de afinar el ojo e iniciarnos en el culto al detalle, y así notar los escenarios turbios que se esconden en el caos universal. Ciencias Ocultas se nutre del horror cósmico Lovecraftiano: el enfrentamiento con realidades que no somos capaces de aprehender y que, por consecuencia, nos descolocan, nos perturban. En la novela se asoma un caos que tiene el potencial de trastornar a sus lectores, aunque el cuarto que Wilson nos regala sirva simultáneamente como punto de exploración y lugar de refugio. Cuando la lectura se torna desequilibrante, entre sectas, rituales paganos y barcos que se hunden en altamar, el narrador nos devuelve a una orilla más segura, desde donde se observa
aquello que no amenaza con hacernos tanto daño: el patrón del tapete, el lodo en los bordes de un par de botas reposando bajo el escritorio, un diario, un menjunje de frutas descompuestas, y por supuesto, la muerte. Aquellos que disfrutan del horror cósmico tal vez encontrarán en la novela de Wilson un acercamiento atractivo al género, mientras que quienes gusten de la novela detectivesca se enfrentarán a un artefacto que no fue diseñado para descontracturar el intelecto.

 

1 Comment

  1. Fco el 12 diciembre, 2019 a las 4:30 pm

    Muy buena reseña. Advierte pero Invita. Llama pero Alerta. Me gustó.

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