Consejos de escritores para escribir un cuento

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No existen reglas estrictas sobre cómo escribir un cuento; es un género abierto, que siempre sorprende. Por eso, más que reglas, buscamos las opiniones de cuentistas con oficio. Alejandra Costamagna, Andrea Jeftanovic, Romina Reyes, María José Viera-Gallo y Benjamín Labatut son los escritores chilenos convocados para ayudar a cuentistas a construir sus relatos. La mejor excusa para poner en práctica estos consejos es la séptima versión del concurso de cuentos “Cuéntate Algo”, organizado por Biblioteca Viva, abierto hasta el 15 de diciembre.

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El comienzo

vieragallo2María José Viera-Gallo: “Empezar el cuento en media res, en la mitad del problema, del estallido, de la confusión, de la euforia, del vomito de lava. Ni antes ni después. Sin preámbulos. No hay que contarlo todo. No hay tiempo. Ahorrarse los backstory, tanta descripción hiperrealista, o demasiada voz interior, empezar como los impresionistas, dando pinceladas de lo más importante, del medio hacia los lados, no al revés.

Cosas que nunca te dije (Tajamar, 2014), es el último libro de cuentos de María José Viera-Gallo.

El conflicto

deretchorecBenjamín Labatut: Un cuento se estructura alrededor de ese único instante en que emerge lo irracional, lo mágico, lo grotesco o lo sublime y altera de forma irremediable al protagonista, para bien o para mal. Alrededor de ese núcleo se concentra toda la gravedad de la historia, el cual puede ser una escena pero también una sola frase o línea de diálogo. Es el paso de un mundo a otro. Después de eso las cosas no vuelven a ser como antes. Puede ser una salvación o una condena, el diagnóstico de una enfermedad, el resurgir de un recuerdo reprimido, la confesión de una falta imperdonable, o un momento de lucidez total, pero siempre tendrá un impacto transformador. Si se hace bien, ese efecto se puede transmitir al lector, y es una de las verdaderas razones por las cuales vale la pena leer.

La Antártica empieza aquí (Alfaguara, 2012), es el primer libro de cuentos de Benjamín Labatut.

Los personajes

IMG_8666Romina Reyes: Creo que como escritorxs es necesario obsesionarse con los personajes. Saber lo que piensan, entender sus reacciones. Hablar con ellos siempre que sea necesario. Los personajes necesitan tener una consistencia real, y para hacerlo hay que comprometerse, pues ellos nos confían la difícil tarea de contar sus historias. Por eso escribir tiene su cuota de locura. Lo bonito de los cuentos es que me parecen universos más limitados, y permiten desarrollar con total profundidad a un personaje. Por otro lado, tener ejemplos, tener versiones reales de esos personajes siempre ayuda.

Reinos (Montacerdos, 2014) es el primer libro de cuentos de Romina Reyes.

La atmósfera

andrea_01Andrea Jeftanovic: Lo interesante de los cuentos es que el espacio puede ser muy indeterminado, pero la atmósfera siempre debe ser inquietante. El mundo donde transcurre la historia siempre deber ser un espacio enrarecido. Quizás no es necesario dar señas, coordenadas específicas, pero el cuento debe constituir un universo autónomo con sus leyes. Y quizás me funcionan bien los relatos que tiene una imagen matriz. Sí, una historia que confluye en la condensación de una imagen plástica que sin explicar mucho abre amplios campos de sentidos. Ahora, si decides explicitar el ambiente, es mejor usar trazos, un trabajo visual, casi de guion de cine, decir lo mínimo, sugerir, ser una cámara de video sobre el hombro que ve parte del paisaje en movimiento y no un todo fijo.

No aceptes caramelos de extraños (Uqbar, 2011) es el último libro de cuentos de Andrea Jeftanovic.

El fin

alejandra_82035-L0x0Alejandra Costamagna: “El final importa en la medida que apunta a decantar una situación o un momento; que no deja cabos sueltos arbitrariamente. Pero me hacen ruido los finales que zanjan, concluyen y dejan al lector encerrado en una única lectura. Los finales tipo redoble de tambores. Esos me aburren soberanamente.

Había una vez un pájaro (Cuneta, 2013), es el último libro de cuentos de Alejandra Costamagna.

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María José Viera-Gallo: “Un buen cuento es como un volcán en erupción”.

Un buen cuento es como un volcán en erupción. Como lector, no quiero ver la postal del volcán de lejos, sino estar adentro quemándome. No me gustan los cuentos “perfectos” que imitan o intentan imitar la teoría del iceberg de Hemingway, por ejemplo. Entre el hielo y la lava, la lava. Prefiero aquellos cuentos más libres, más impuros y menos controlados, que contienen una emoción en movimiento avasalladora que te lleva a un lugar –emotivo- donde no habías estado. Dicho de otra manera, la trama me da igual. Me quedo con el personaje, con lo que le pasa por dentro. Así todo lo que ocurra va ser de adentro hacia afuera. Personalmente me gustan los cuentos, como los de Salinger, Capote, Lispector, Munro, Bolaño por ejemplo, donde la herida está abierta y la historia consiste en volver a cerrarla, es decir a reconstruirla. Ojalá en primera persona. Ojalá lo más autobiográficos –al menos en el sentimiento- posible. Ojalá con un mundo acotado y cercano al autor. Un cuento que no te ande con cuentos.

Benjamín Labatut: “Un buen cuento te hace experimentar la realidad con mayor intensidad”.

Los cuentos son la base de la experiencia humana, su estructura nuclear. Nacimos y nos criamos envueltos en ellos, y la suma de todos determina la forma en que percibimos el mundo. Crear y contar cuentos es el protocolo básico de la mente humana, y en eso radica su dificultad. Un buen cuento te hace experimentar la realidad con mayor intensidad. Te muestra lo que normalmente pasas por alto, lo que no quieres ver del mundo o de ti mismo. Por eso creo que al escribir hay que olvidarse de las “buenas historias”, de las sorpresas, los trucos y los golpes de efecto. Un buen cuento es el intento de atrapar algo muy sutil. Se escribe alrededor de eso. Borges, por ejemplo, escribió Pierre Menard, autor del Quijote cuando pensó que se estaba volviendo loco. Lo habían operado y sentía que su cerebro no estaba funcionando como antes. Se propuso escribir un relato para probar que no había perdido el uso de sus facultades mentales. Un poema no habría servido -ya que, según él, los escriben las Musas- pero las exigencias propias de un cuento le servirían para descartar su descenso a la locura. De fallar tendría que dejar de escribir para siempre. Pierre Menard terminó siendo el primer cuento de Ficciones, un libro que alteró el destino de la literatura.

Andrea Jeftanovic: “Lo mejor en un cuento es lo que no se dice”

Me gustan los cuentos que en la primera línea siembran perturbación o se van a la yugular. Una frase golpeadora que hace que no puedas parar de leer. Una frase removedora, desconcertante, que funciona como hipótesis del orden, extraño, de las cosas. Me gustan muchos los relatos de autoras, quizás tienen un especial manejo del entrelíneas y de una violencia contenida. Clarice Lispector y Katherine Mansfield hacen de aparentes inofensivas dueñas casas verdaderas filósofas de la condición humana. Escriben con cuchillo, no con lápiz. Leo también muchas novelas pero la novela tiene un riesgo: puede ser arrogante; el cuento es más humilde, tiene mucha fibra sin alardear, tiene lo mínimo y si es bueno es un batatazo. Y siempre digo los casos clínicos de las pacientes de Sigmund Freud, por ejemplo, los brazos dormidos en el Caso de Anna O. o el aroma a panecillo quemados en Lucy R., son excepcionales perfiles psicológicos. Lo mejor en un cuento es lo que no se dice.

Romina Reyes: “Los mejores cuentos son aquellos que tienen capas de significado”.

Me pasa con los cuentos y con la literatura en general que me parecen buenos cuando logran generar algo en mí. Algo más allá de lo entretenido que puede ser leer. Creo que los mejores cuentos son aquellos que tienen capas de significado, donde un gesto no es sólo un gesto sino que esconde un mundo. Lo interesante del cuento es que al ser más contenido ofrece un desafío.

Alejandra Costamagna: “Me gustan los cuentos que toman en cuenta el silencio”

Prefiero, en general, los relatos que optan por lo sugerido más que por lo explícito. O sea, que toman en cuenta el silencio a la hora de narrar. Los que se alejan de la grandilocuencia y ponen ojo en los detalles y los gestos mínimos. Los que atienden, especialmente, el ritmo y la música del texto para conducirnos más allá de la anécdota que estalla en la superficie. Me gustan los cuentos que hablan en “yo natural” y acercan la lengua hablada a la lengua escrita.

2 Comments

  1. mariana el 20 agosto, 2016 a las 1:55 am

    excelente pagina me ayudo mucho para un cuento sobre la paz

  2. Pedro Ivan Palacios Jimenez el 1 noviembre, 2016 a las 11:47 pm

    Buena pagina. Me ayudara para a escribir desde hoy mi primer cuento.

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