Daniela Véliz Carbullanca, artista visual: «Quien mira o quien lee se sumerge en el yo de un desconocido»

DVC

Mi primera imagen es un archivo en construcción que presenta dieciocho relatos escogidos entre las respuestas de cien personas que contestaron a la pregunta: ¿cuál es tu primera imagen? La muestra, obra de la artista visual Daniela Carbullanca, se encontrará disponible hasta el 30 de abril en Biblioteca Viva Tobalaba y está asociada a un taller de escritura autobiográfica que se realizará el domingo 14 de abril. En esta entrevista la autora nos cuenta detalles de su trabajo.

Por Carla Giménez y Diego Muñoz, mediadores BV Tobalaba.

Tu obra se piensa desde un cruce de escritura, imágenes y emociones que se ligan a los primeros recuerdos que habitan la memoria. ¿Cómo nace la idea de poner en tensión estos elementos?

Siempre he disfrutado mucho escuchar a las personas contar sus historias de vida; sobre todo recuerdos del pasado, como la infancia. Parece ser que cuando las personas comparten sus recuerdos es como si fuesen tejiendo en conjunto: el hilo se va pasando de mano en mano sin saber cuáles serán los próximos recuerdos que se desencadenarán en los demás. Cuando uno escucha la historia de otro, uno suele ponerle imágenes a esas palabras, que probablemente no tengan mucho que ver con las imágenes que están en la cabeza de quien cuenta la historia. Cuando hablo sobre mi primera imagen cuento que estoy en cuclilllas haciendo bolitas de barro en el patio de la casa de mi abuela, pero en realidad la imagen que veo no son más que mis manos con barro. Sin embargo, siento que estoy en esa casa por el olor y los colores que apenas alcanzo a percibir. Es como dibujar el recuerdo de la casa de infancia. Muchas veces las dimensiones y la disposición de los espacios son distintas en comparación a la casa misma. Puede ser que ese dibujo tenga habitaciones que en realidad nunca existieron, espacios vacíos porque no hay con qué rellenarlos, o habitaciones que no se pueden conectar.

Todas esas imposibilidades de poder revivir una experiencia pasada o de transmitirle a un otro tu recuerdo, me hacen pensar en la resistencia de traducción que tiene el lenguaje. ¿Qué hacer frente a esa falta, a esos espacios vacíos, a eso que parece incomunicable? A partir de eso es que me pareció necesario desmenuzar un recuerdo a partir de todos los puntos con los que uno pueda acercarse a él: las palabras, un dibujo, una fotografía, un objeto, un olor, un sonido, un sabor, una textura, una sensación corporal, un lugar, etc. Al compartir mi primera imagen con otros, la información que yo cuente verbalmente no la tendrá el relato escrito, ni el dibujo, ni la fotografía, ni el color al que asocie con esta experiencia. Funcionan como medios o herramientas del tiempo presente para poder repensar el pasado de una manera más multidimensional.

Fueron cien las personas que contestaron a tu pregunta: ¿Cuál es tu primera imagen? ¿Cómo fue que decidiste los dieciocho relatos que conformaron finalmente tu exposición?  

En la medida que leía los relatos que recibí de quienes quisieron colaborar con este proyecto, me fui dando cuenta de ciertos denominadores comunes que me permitieron ir clasificando, como si se tratase de un archivo. Hay varios recuerdos que tienen una que otra cosa en común. Por ejemplo, una primera imagen que se repite en varias personas es verse a sí mismos muy pequeños caminando hacia los brazos de alguien. Los 18 relatos que muestro ahora y que presenté  también por primera vez el año pasado en Galería Temporal, los escogí porque en cada uno de ellos el espacio de la casa funciona como escenario de la primera imagen. En estos recuerdos se manifiestan también lazos afectivos, la presencia de una figura cercana, o la ausencia de ésta que por contraste se vuelve más patente. Dentro de estos relatos hay pequeños puntos que se reiteran como la presencia o la ausencia de la madre o de la abuela en los relatos escritos, hasta correspondencias visuales como la repetición de una silla en los dibujos o fotografías.

La muestra «Mi primera imagen» fue anteriormente montada en Galeria Temporal, vitrinas destinadas al arte emplazadas en distintos centros comerciales. Asumiendo que el público que asiste a estos espacios no anda precisamente tras actividades artísticas, sino más bien movidos por el consumo de bienes materiales. ¿Cómo viste sus reacciones?

La vitrina en la que yo expuse estaba dentro de Galería Presidente, a pasos de Plaza de Armas. La gente que se mueve por allí no solo va a comprar a los locales comerciales, sino que también utiliza la galería para acortar camino, porque tiene varias salidas. Justo al lado de esta vitrina en la que expuse, está la entrada a un edificio, por lo que siempre hay conserjes rotando. Fue con uno de ellos con quien pude compartir más conversaciones. Mientras montaba las láminas él me comentaba sobre algunas de sus vivencias, dónde había nacido, entre otras cosas, esto a partir de su curiosidad por saber en qué consistía lo que iba a mostrar. Hubo muchas reacciones que pude ver, personas que iban de paso y no se detenían, otras miraban rápidamente, otras se detenían a leer, algunas más tiempo que otras. Cuando veía a estas personas frente a la vitrina pensaba que leían solo un relato, probablemente el que les llamó más la atención a primera vista, y me imaginaba si ese recuerdo que decidieron leer resonaría con sus propias vidas y con sus recuerdos. Creo que eso es lo que me parece más interesante de haber expuesto allí, en un espacio medio de tránsito, el contraste del ritmo agitado de quienes van o pasan por la galería, frente a estas láminas que demandan un tiempo de lectura. Quien mira o quien lee se sumerge en el yo de un desconocido, que habla de un tiempo y un lugar distinto al del tiempo presente.

Exposición Mi primera imagen | Fotografía: Marcela González

Tu obra se construye en base a un archivo que está en permanente expansión. También, en un gesto que resulta atractivo, se invita a quienes la visitan a ser parte de ella, convirtiéndolo en registro acumulativo de la memoria artística y emotiva. ¿Cuándo darás por cerrado este registro?

Me gusta mucho pensar en la idea de que no tiene por qué cerrarse alguna vez. No me convence la dinámica de producción de exhibir un proyecto y cerrarlo, para luego hacer otro, y así sucesivamente. Por el contrario, me gusta pensar en las cosas que hago como procesos vitales, es decir que tomen el tiempo necesario, que pasen por diferentes ciclos, incluido el reposo, el no hacer, o permitir que las ideas maceren. Mi primera imagen es un archivo que no sólo se va expandiendo en la medida en que más personas participen, sino que también se reconstruye una y otra vez a partir de las diferentes clasificaciones que se pueden generar. En esta ocasión, la selección que hice relaciona los 18 relatos a grandes rasgos en torno a la casa y familia, pero puede ser que en una próxima muestra agregue otros puntos claves que amplíen la lectura o bien que la cambie por completo.

Observando tus demás obras, que están disponibles también en tu portafolio online, en este ejercicio de reconstrucción de memoria personal y familiar que podría ser un hilo conductor en toda tu producción hasta el momento, ¿cómo asumes, desde la representación visual, las fracturas sociales insertas en los objetos y en los relatos de las personas que convocas en tus obras?

Mi interés por lo autobiográfico lo he abordado desde diferentes medios. Hace unos años atrás, mientras estaba en la universidad, me parecía más cómodo pensar tridimensionalmente para representar lo que quería. Trabajé sobre todo con objetos pertenecientes al espacio doméstico y algunos elementos naturales que se podrían encontrar dentro de una casa, desde una cama o cajones, hasta almendras o huevos de codorniz. Todos estos elementos siempre eran intervenidos de uno u otro modo, como si se tratase de cuerpos: heridos, fracturados, cargados.

Al final de la carrera descubrí que escribiendo podía llegar a lugares que no había podido acceder con los objetos o con las imágenes, y viceversa. Fue en ese tiempo cuando realicé la instalación Para no olvidarnos sobre cómo perdimos nuestra casa, donde mezclé por primera vez testimonios escritos de diferentes personas con objetos rescatados y otras piezas que reproduje.

Desde ahí hasta ahora me gusta pensar en imágenes gráficas y objetos a la par de relatos escritos u orales, entendí que lo que andaba buscando era narrar microhistorias, y que necesito de todos esos elementos, y tal vez otros más, para hacerlo.

Registro de Para no olvidarnos sobre cómo perdimos nuestra casa (2017) | Fotografía: Benito Morales

Tu interés por reconstruir la memoria, sin importar realmente si son reales o ficticias o una combinación de ambas, hacen que los sujetos que participan de tus obras activen la auto observación de sí mismos a partir de un objeto artístico. ¿Qué lugar crees tú que las artes contemporáneas le dan al observador? ¿Y qué lugar les das tú particularmente? Me refiero puntualmente a la idea en que la persona que consume bienes culturales o artísticos ha sido vista mayormente, o quizá en otros momentos, de manera más pasiva.

En las artes visuales en general creo que se piensa en el espectador con un rol pasivo. Claramente hay muchas obras que interpelan de alguna forma a quien observa, pero aún así desde un modo inactivo, el cuerpo quieto y en silencio, o a lo más en voz baja. Sería interesante pensar las repercusiones que se podrían producir si hubiesen más obras, más artistas, que asumiéramos el rol de artista no tan solo desde la exhibición de lo que hacemos, sino también produciendo en todo momento material o instancias de diálogo con un otro. ¿Qué pasaría si el papel de mediador de cualquier entidad cultural no recayera en alguien ajeno a la obra y fuese, en cambio, el propio artista quien se encargue de mediar?

Por mi parte, es la primera vez que proyecto una obra en que la participación de las personas es en el mismo espacio de exposición y de modo permanente, y que en realidad es algo inherente a la obra, ya que sin la autoreflexión y colaboración de ellos no podría haber archivo. Es reconfortante ver un espacio de exhibición en el que otros pueden intervenir, en el que hay menos quietud corporal, menos silencio, en el que se está más vivo.

 Para ir cerrando, «Mi primera imagen»actualmente desplegada en Biblioteca Viva Tobalaba– está vinculada a un taller de escritura autobiográfica. ¿Nos podrías adelantar un poco sobre esa actividad?

El taller de escritura autobiográfica lo dará Alonso Fabres, quien es magister en Literatura Hispanoamericana. Decidimos proponer la exposición junto a este taller porque nos pareció importante ampliar el sentido exhibitivo a una instancia en la que se puedan compartir conocimientos y posibilitar el diálogo entre más personas. El taller está pensado como una entrada al autoconocimiento a través de la escritura, en el que se revisarán antecedentes de la literatura autobiográfica como también se podrán realizar ejercicios en torno a ésta.

Deja un comentario