El sonido de los colores: lo sinestésico en la obra de Jimmy Liao

el sonido de los colores

El sonido de los colores (2001), tiene como protagonista a una adolescente que para el día de su cumpleaños número quince, y habiendo quedado ciega desde hace un tiempo, emprende un viaje en metro por su ciudad. Una experiencia usual, mínima y colectiva para tantos de nosotros, es en los versos que escribe Jimmy Liao y en las imágenes que recrea para esto, una operación llamada sinestésica que nos recuerda que la impronta del mundo es solo a través de los sentidos.

Por Yasna Sagredo y Carla Giménez.

  “Los violines, los profundos tonos de los contrabajos, y muy especialmente los instrumentos de viento personificaban entonces para mí toda la fuerza de las horas del crepúsculo. Vi todos mis colores en mi mente, estaban ante mis ojos. Líneas salvajes, casi enloquecidas se dibujaron frente a mí”

    Kandinsky, 1913. De lo espiritual en el arte

(Ed. 1982, p. 364).

La cita que antecede este texto fue escrita por Vasily Kandinsky (1866-1944), pintor ruso del movimiento abstracto, que nos servirá para interiorizarnos en el análisis de cualquier artista que, ya sea a través de la música, la poesía o la pintura, siente el afán de interpretar –cuando mucho, si fuese posible– el mundo mediante la percepción de sensaciones de manera simultánea entre varios sentidos. En particular, nos referiremos en esta ocasión a Jimmy Liao (1958), ilustrador taiwanés de numerosos libros álbum, tanto propios como de otros autores, que entrecruza el lenguaje poético con las artes gráficas.

El camino y reconocimiento de Jimmy Liao, como dibujante de álbum, se inicia tardíamente. Una vez terminados sus estudios en la Facultad de Bellas Artes, emprendió una carrera en el mundo de la publicidad durante doce años, al mismo tiempo que dedicaba las noches para dibujar. Un diagnóstico de leucemia que lo mantuvo hospitalizado se volvió un punto de inflexión en su vida, abandonando la publicidad para dedicarse al dibujo y a la escritura cerca de los cuarenta años. Uno de sus libros, El sonido de los colores (2001), tiene como protagonista a una adolescente que para el día de su cumpleaños número quince, y habiendo quedado ciega desde hace un tiempo, emprende un viaje en metro por su ciudad. Una experiencia usual, mínima y colectiva para tantos de nosotros, es en los versos que escribe Jimmy Liao y en las imágenes que recrea para esto, una operación llamada sinestésica que nos recuerda que la impronta del mundo es solo a través de los sentidos. Entre poesía ilustrada, o viceversa, la estrecha relación entre los sonidos y los colores –sobre todo para alguien que ha perdido la capacidad de ver–, alumbra aquellas sensaciones que fragmentan el uso de la propia energía entre un espacio-tiempo medible objetivamente, donde solo importa llegar a donde se supone debemos estar, y entre un tiempo subjetivo donde lo onírico de la experiencia constituye el sentido de aquel trayecto en una ciudad abrumadora e infinita.

En una entrevista para la Revista BABAR, y al preguntársele sobre la diferencia entre ilustrar un libro para otros y uno propio, Jimmy Liao propone que, si bien no tiene una razón para explicar las diferencias entre un trabajo y otro, sí reconoce que en el ejercicio de ilustrar para sí mismo «(…) normalmente no termino el texto antes que las ilustraciones. Suelo crear primero las imágenes en mi cabeza, y luego organizo estas ilustraciones para ver la relación entre ellas hasta que consigo armar una historia. Así que, como puedes ver, mis libros normalmente provienen de un tono emocional, no de una historia lineal» Así como Kandinsky, Jimmy Liao también utiliza la transferencia entre los sentidos, ya sea a través de un ritmo, un tono, una vibración del color, para significar la emoción de esta niña que se aventura a la experiencia del mundo aunque sus ojos recuerden escasamente la cara de tristeza del soldadito cansado y solitario que perdió de niña o la estrepitosa sensación de haber alcanzado los confines del mundo cada vez que se pierde de estación en estación.

Jimmy Liao realiza en este libro un proyecto digno del impresionismo, hablando del movimiento artístico o, incluso, solo desde la palabra en sí. La impresión sensorial y emotiva, en conjunto, perviven sutilmente en la memoria de quien se da espacio para perderse y encontrarse cada vez.  Pues, como dice su protagonista, aunque «A menudo me adentro, sin pensar, en una ciénaga neblinosa y no sé qué hacer para salir del fango (…) Busco en mi corazón el débil parpadeo de la luz».

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