Fotografía y patrimonio: Martin Gusinde y los pueblos originarios de Tierra del Fuego

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La historiadora chilena Marisol Palma Behnke, en su libro Fotografía de Martin Gusinde en Tierra del Fuego (1919-1924), destaca las apreciaciones y calidad humana en el trabajo de Gusinde, autor de registros etnográficos  de inmenso valor para el conocimiento de los selk’nam de la isla, los yámanas y los kawéskar de los archipiélagos patagónicos.

Por  Angélica Rocha, mediadora de lectura | Fotos: Museo Antropológico Martín Gusinde

El libro Fotografía de Martin Gusinde en Tierra del Fuego (Ediciones UAH, 2013), representa un excelente trabajo de investigación histórico-biográfico realizado por la historiadora nacional Marisol Palma Behnke, gracias a su colaboración con el Anthropos Institut, en la traducción de cuadernos de notas del antropólogo, pudo realizar con particular minuciosidad la reconstrucción de la vida de Martin Gusinde en nuestro país, con especial atención a sus tres viajes a Tierra del Fuego.

Martin Gusinde nació en Polonia, cuando era territorio alemán, en 1886. Al crecer se interesó tanto por la fotografía como por la etnología —que con el tiempo se transformaría en la antropología— por lo que con su cámara, se unió a la orden de los sacerdotes salesianos y formó parte del Anthropos Institut. Esta combinación entre sacerdotes y etnólogos  no es descabellada; en sus inicios, los precursores de la antropología, fueron exploradores y misioneros enfrentados a culturas completamente desconocidas, “exóticas y salvajes” dirían ellos, y para poder ejercer una comunicación efectiva y de poder sobre esas comunidades, estos exploradores idearon técnicas que les permitieran adentrarse en su cultura y servir como una especie de facilitadores. Los misioneros tenían el mismo rol, pero desde el objetivo de la evangelización.

Gusinde mezcló con éxito sus intereses y se especializó en el retrato etnográfico, esto es, el registro fotográfico de pueblos indígenas desde una perspectiva más taxonómica. Sus registros estaban ordenados en base a características físicas como una forma de clasificación, resaltó por ejemplo, su altura, raza y medidas en general.

Ya en Chile, recibió el llamado a trabajar en el  Museo Nacional de Historia Natural, junto a uno de sus más destacados colaboradores; Max Uhle, arqueólogo alemán, descubridor de la cultura moche y que en nuestro país trabajó arduamente en develar los misterios de la cultura chinchorro al norte de Chile, entre otros grandes aportes sobre el patrimonio e historia arqueológica de Mesoamérica. Para entonces Gusinde ya comenzaba a destacar por su trabajo retratando a los indígenas de Tierra del Fuego. Con este fin realizó tres viajes al extremo sur y desarrolló un método etnográfico de acercamiento lento hacia los fueguinos, que le valió su confianza y aceptación con los Yámanas, Selknam y Kaweskar, los que dieron su consentimiento para ser fotografiados. Sus fotografías, sin quererlo, se encontraban llenas de estereotipos asociados a imaginarios colectivos sobre el indígena, el salvaje no civilizado. Sin embargo, sirvieron de evidencia de la existencia de una otredad exótica, que fue bien recibida por el público nacional e internacional.

 

Pintura de los hombres para el juego Kewanix | Martin Gusinde

 

Hizo aproximadamente 650 fotografías de los fueguinos,  200 de ellas exclusivamente de cuerpos pintados. Desde lo fotográfico, podemos decir que su trabajo no son meros registros, pues se puede leer en ello una previsualización de contrastes y composición fotográfica que no solo apelan a un orden informativo, también a la estética de la imagen.

Lo mejor de este libro no son los interesantes datos biográficos, ni tampoco el buen compilado de imágenes de los indígenas de Tierra del Fuego, sino que la sutileza con la que la autora destaca las apreciaciones y calidad humana en el trabajo de Martin Gusinde, tanto en sus descripciones como imágenes. No debemos olvidar que a poco tiempo de la llegada de Gusinde, las sociedades fueguinas se vieron enfrentadas a cambios y choques culturales acelerados. Bajo este contexto, Gusinde, a diferencia de la mayoría de los exploradores y nuevos habitantes de Tierra del Fuego, fue capaz de llevar este encuentro y su curiosidad investigativa de manera pacífica y respetuosa. Dio a los fueguinos un carácter humano dotado de un gran simbolismo cultural, imaginario muy distinto al declarado por Darwin, quien pregonó por el mundo una imagen subhumana de los habitantes de Tierra del Fuego. Sin embargo, no pudo escapar del todo del contexto en el que estaba, pues sí utilizó parte de un lenguaje que, a ojos actuales, puede considerarse racista, como cuando usaba la palabra “bastardos” para referirse a los mestizos, dejando en evidencia el encuentro de mundos de la mano de los europeos.

Martin Gusinde fue mucho más que un investigador que fotografió indígenas americanos, también fue un gran antropólogo. Se codeó con destacados colegas de la talla de Wilhelm Schmidt y Franz Boas entre otros, acercándose bastante al relativismo cultural, aquella corriente antropológica que valida la diferencia cultural sin juzgarla,  opuesto al imperante evolucionismo social de la época, el cual basado en la teoría de la evolución de las especies de Darwin, se aplica a las sociedades para justificar la supuesta superioridad de una sociedad por sobre otra.

El legado de Gusinde, es mucho mayor de lo que creemos. En nuestro país conocemos a los Selknam y pueblos vecinos exclusivamente gracias a las imágenes de la preparación de sus cuerpos pintados para el ritual del H’ain. Claro está que existen muchas otras situaciones plasmadas en esas 650 fotografías, no obstante, aquí sólo hacemos referencia a su trabajo en Chile. Lo cierto es que Gusinde, también retrató y estudió otros pueblos de Mesoamérica, por lo que su trabajo se extiende por todo nuestro continente.

Este libro nos cuenta esa parte de la historia no olvidada, pero sí soslayada, de nuestros pueblos originarios del extremo sur, que a diferencia de otros títulos sobre los fueguinos, no se centra en la masacre que los llevó a la extinción, sino que  saca a la luz la parte más hermosa de este encuentro, al retratar una relación de amistad, de dar y recibir a partir de la valoración y validación de la diferencia cultural.

 

Fotografía de Martin Gusinde en Tierra del Fuego (1919-1924)
Ediciones UAH
2013

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