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Lo que pasa en casa no se queda en casa: «Pieza Amoblada» de Valentina Vlanco

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Pieza Amoblada es el debut literario de la escritora Valentina Vlanco (Santiago, 1994). Situada en una antigua casa del sector oriente de Santiago, la novela narra la historia de tres mujeres que entrelazan sus vidas en un drama televisado en matinales y noticieros faranduleros.

Por Celso  Iturra Avendaño, mediador de lectura de BV Sur.

No hay que equivocarse con esta novela de la escritora debutante Valentina Vlanco (Santiago, 1994). Sí, en ella versa sobre la maternidad y lo doméstico, pero no se deben coartar las lecturas posibles con la catalogación de “literatura femenina” que, aunque útil para las investigaciones universitarias, minimiza a autoras que tienen mucho más que decir. En la Pieza Amoblada (Cuneta, 2019) de Vlanco se encuentran tres mujeres que, en el misterio de su comunidad y el permiso de su intimidad, se inventan una familia. Esta ópera prima cuestiona los valores que sostienen esa micro sociedad, pero también del público que las enjuicia. Lo anterior no es un spoiler: aunque Vlanco mantiene los pormenores de su trama para sus escándalos finales, las entrevistas televisadas preparan al lector para el dramático desenlace. El imaginario que persigue la autora –y lo persigue-persigue, porque sus letras van a toda velocidad– toma distancia de sus compatriotas, asiduos escritores de la autoficción militante, donde todos los sujetos son cuestionables y problemáticos.

La historia transcurre en una casa antigua, en una comuna acomodada del sector oriente de la capital. La nana de una familia cuica desarmada, Teresa, deambula solitaria por su abandonado lugar de trabajo, nostálgica por la época en que convivía con sus empleadores. Este es uno de los pocos desatinos de la novela: la presentación de este personaje privado de identidad, absorto en una devoción melancólica por sus patrones. Teresa motiva el reencuentro con una de las niñas que crió, Sara, quien regresa a la casa con su marido para sobrellevar sus problemas de fertilidad. Para ahorrar plata, deciden arrendarle una pieza a Pía, que viene a Santiago a estudiar desde su región. Estas tres mujeres entrelazan sus vidas en un drama televisado en matinales y noticieros faranduleros.

Valentina Vlanco acaba de lanzar su primera novela Pieza Amoblada | Foto: Instagram Editorial Cuneta

Hay una tendencia entre los narradores contemporáneos que los lleva a construir ficciones raudas, que avanzan sin piedad por el lector en un estilo que no conoce ni comas ni puntos. Vlanco, en cierta medida, le milita a esta corriente pero con la pizca de sobriedad que hace falta para que no se pierdan sus referentes. La autora construye su ritmo en base a estructuras anafóricas, como repeticiones mántricas que manifiestan la interioridad de sus personajes, que permiten regresar atrás en la lectura cuando se le pierde el hilo –consideración que vale la pena apuntar y que no todos los escritores de avanzada conservan en estos tiempos–. Aunque en cuestiones rítmicas el texto es moderno, hay algunas notas anacrónicas que ensalzan las letras de Vlanco, su narración à la Lemony Snicket, con una voz que, sin ser partícipe de la historia, tiene una personalidad propia que juega, cuestiona y enreda los eventos que presenta. Esta ficción, tan acontecida, es recargada en el sutil gesto barroco de proponer, de vez en cuando, imágenes que van dándole materialidad al texto. Las intervenciones, que son bien poéticas, alivianan la densidad estilística de la novela.

La Pieza Amoblada se organiza en tres apartados para sendos personajes protagónicos, atravesados por adelantos mediáticos, comentarios sobre las entrevistas que la televisión hará a estas mujeres respecto de un escándalo que no será revelado hasta muy entrada la obra. Este recurso no aligera la trama, en cambio la tonifica para condicionar al lector a una cierta toma de partido, lo insta a una reflexión que Vlanco articula en su obra; las experiencias se entienden distinto entre lo público y lo privado. Con esta premisa, la autora problematiza tensiones muy vigentes en el ámbito sociocultural y político, particularmente la configuración de la funa basada en el acelerado juicio público; la moraleja de esta historia es que, ya lo decía Kassandra Romanini, a ese cuento siempre le falta una página. Una postura así es poco frecuente en la literatura chilena contemporánea, en especial aquella que releva asuntos de género. La tendencia nacional se enmarca en una autoficción militante, la instrumentalización de la experiencia personal en pos de un fin político. Vlanco se desencuentra de la escena y se vincula a otras grandes voces latinoamericanas: la mexicana Fernanda Melchor y la argentina Mariana Enríquez, por ejemplo, quienes utilizan sus posturas ideológicas como recursos literarios.

En ese sentido, Valentina Vlanco es autora de una obra bastante compleja y bien planificada, que es bastante exitosa en su técnica. Si bien es una escritora debutante, de primeriza tiene poco. Con una mención en los Premios Literarios y una beca de creación, ambos galardones por su Pieza Amoblada, ya recibió su visto bueno desde el mundo especializado. Cuneta, la editorial que este año publicó su libro, acertó una vez más al confiar en las nuevas voces de este territorio. Esta novela, moderna pero incofundible, nos presagia un buen panorama para el futuro creativo de Vlanco.

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