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Natalia Berbelagua, escritora: «Chile se vulnera a sí mismo todo el tiempo»

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La autora de los libros de cuentos Valporno, La bella muerte, Domingo y el poemario La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado, acaba de publicar Hija natural, su primera novela, donde a través de las experiencias y reflexiones de la protagonista se aborda la ausencia del padre.


Por Diego Hidalgo | FOTO: Benjamín Pérez

Hasta avanzada la década 90 existió en Chile la segregadora figura de los hijos legítimos e ilegítimos. Dentro del segundo grupo se ubicaba a los denominados “hijos naturales”, que eran reconocidos por escritura pública por uno de sus padres. En este contexto creció la protagonista de Hija natural (Emecé, 2019), primera novela de Natalia Berbelegua (Santiago, 1985), que cuenta la historia de una mujer marcada por el abandono de su padre, y que a través de sus recuerdos y experiencias reflexiona en torno a esta ausencia y las repercusiones que generó en su vida.

“Cuando cumplí treinta años conocí a mi padre. Después de haber llegado del viaje que me enfrentó con él por primera vez, me saqué el abrigo sin saber quién era yo. Luego las preguntas surgieron como callampas en el barro”, nos relata esta protagonista, que de su nombre solo sabemos que significa nacimiento.

Berbelagua –que ya había publicado los libros de relatos Valporno (Emergencia Narrativa, 2011), La bella muerte (Emergencia Narrativa, 2013), Domingo (Libros Tadeys, 2015) y el poemario La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado (2016)–, tomó parte de sus propias experiencias para escribir Hija natural (Planeta, 2019), dando forma a una obra de autoficción, que según la propia escritora: “Es un libro, con un mundo propio, con personajes. En las novelas, la ficción y la visión del autor siempre se mezclan. Esta novela costó lo mismo que tal vez me hubiese tomado un libro de ciencia ficción. Importa el relato, la forma, lo que estoy contando, cómo lo toma el lector. El resto es parte de algo privado, de una creación íntima, que no debiera ser tan importante”.

¿Cuándo y por qué iniciaste la escritura de tu primera novela? ¿Cómo fue el recorrido de escribirla hasta su publicación?

No creo que exista un motivo para hacer una novela, simplemente se dio así. La historia daba para más que un relato breve, en cuanto al desarrollo de la acción y los personajes. La escribí en el transcurso de cinco años, desde que la pensé, como otra cosa, hasta que la terminé. Nunca fue algo claro y racional, fui avanzando y retrocediendo muchas veces hasta encontrar un tono.

 

 

Los temas presentes en tu novela pueden reflejar un Chile muy actual, con profundas diferencias de género, por ejemplo, o la ignorancia frente a la salud mental, la adicción a los fármacos, etc. ¿Buscabas a través de tu obra exponer algunas de tus lecturas propias de la sociedad?  

Nunca he hecho un solo libro que quiera reflejar a la sociedad chilena intencionalmente. Si pasa es porque hay una situación que se repite, que veo mucho. Todo esto es más bien una labor crítica, una interpretación de la obra. Es real lo de las brechas de género, de la adicción no solo a los fármacos sino también a la victimización, pero esto es solo un fragmento de una sociedad que en sí está muy fracturada.

En una parte mencionas cómo era el sistema judicial frente al abandono de hijos. Hoy debe haber muchos “hijos naturales” de la época. ¿Crees que tu libro habla también de la vulneración de los derechos de una generación?

Era necesario hablar de lo judicial porque la protagonista de la novela vive en el momento en que se genera un profundo cambio social con la ley de filiación. Está lleno de hijos naturales de esa época y hay vulneración por todos lados. Chile se vulnera a sí mismo todo el tiempo.

La historia no transcurre de forma lineal. Más bien son recuerdos dispersos que giran en torno a la búsqueda de un padre y a la relación con una madre. ¿Por qué optaste por esta estructura de narración?

La memoria no es lineal, aparece, brota en momentos muy aleatorios. Los recuerdos no van en orden, entonces no iba a escribir una novela ordenada donde la protagonista contara su historia de principio a fin, eso se parecería a un testamento. Esta forma de narrar es más cercana a lo real, a como el drama de tanto narrarse se agota, pierde la solemnidad.

La novela puede ser leída en varios aspectos desde una perspectiva de género y tú eres parte de un grupo de escritoras que han posicionado con mucha fuerza la literatura escrita por mujeres. Considerando esto, ¿qué opinas del panorama literario actual?

Hay muy buenas escritoras, sin duda, pero es incómoda la pregunta sobre los pares. No me corresponde hablar ni criticar el trabajo de otros, no me siento en condiciones. La escritura para mí sigue siendo algo particular, personal, especial. Tampoco me gusta que agrupen a los escritores en generaciones. Lo encuentro cómodo. Sobre el género, este es el momento de la visibilidad del trabajo artístico femenino, pero nadie está haciendo algo tan importante al develarlo. Es lo que nos corresponde, desde siempre.

¿Qué escritoras consideras necesario destacar?

Todas tienen que ser leídas en la medida de que sean buenas propuestas, o que el lector llegue a ellas de una forma u otra.

¿Cuáles han sido tus últimas lecturas?

Mis últimas lecturas interesantes, han sido Vivian Gornik, Mircea Cartarescu, Karl Ove Knausgård, entre varios otros.

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