Nueva York lejos del glamour gay: «Las biuty queens» de Iván Monalisa Ojeda

Nuevo Banner - Julio - Biuty

Ivan Monalisa Ojeda  (Llanquihue, 1966) lleva más de veinte años viviendo en Nueva York, desde donde publicó La misma nota, forever y  su segundo libro de cuentos, Las biuty queens,  donde expone sin artificio a las desventuradas locas de la noche americana.

Por Celso  Iturra Avendaño, mediador de lectura BV Sur.

Este cuentario, unánimemente aclamado por la crítica, se presenta en la escena chilena como un ejercicio de representación travesti que rompe con el reinstalado cánon de la literatura gay. A pesar de ser una lectura simple, con una voz narrativa que se pierde en el español neutro estadounidense, Las biuty queens  (PRH, 2019) cautiva con sus eventos jocosos y melodramáticos que semejan una telenovela marica. El imaginario de Iván Monalisa Ojeda le reclama la decadencia neoyorquina a la fantasía comercial masificada por los artefactos de un capitalismo tardío e inclusivo.

Monalisa, quien se presenta como una artista transgénero two spirit, lleva más de veinte años viviendo en Nueva York. Desde allá publica otra colección de cuentos, La misma nota, forever, en una editorial independiente; el éxito de sus gestiones le consigue a su segunda publicación un contrato con el gigante Alfaguara. El escritor, que deambula entre los pronombres, aparece en la escena de los consagrados como una figura estéticamente disidente: reniega de las lecturas nacionales y rechaza las directrices de la vanguardia posdictatorial. Ese desarraigo literario se confirma en su propio estilo narrativo que, en vez de coquetearle a los enredos y excesos del barroco como la tradición cuir latinoamericana demanda, opta por la simpleza de las voces más comerciales.

Iván Monalisa Ojeda | FOTO: Nicole Costa.

Esta accesibilidad de sus letras facilita la comprensión de su universo de travestismo y sobredosis para quienes no frecuentan la podredumbre de las esquinas metropolitanas. Tal gesto de apertura vuelve recomendable este cuentario: Ojeda expone sin artificio a las desventuradas locas de la noche americana. Los cuentos que componen esta colección versan sobre sendas penurias y escándalos que afligen a sus personajes: relatos sobre brujería, prostitución y drogadicción tensan el telenovelesco imaginario de Monalisa, que juguetea con una autoficción en que casi nunca es protagonista. Quizás este afán de testigo, lejos del narcisismo de los narradores chilenos, es otra muestra de lo lejos que la autora está de la escena nacional.

El escenario en que se encuadra esta prosa son las transitadas calles del Nueva York cosmopolita, en que las experiencias migrante y cola se entrecruzan en las houses, en los bares y en el cruising entre los matorrales del Central Park. La cálida decadencia que Monalisa representa en su paisaje urbano desmiente la glamorosa fantasía del gay y la drag queen primermundista, hoy en día abanderados por compañías multinacionales que celebran el Orgullo de algunos; pero no el de los personajes de este cuentario, que entrecomas sollozan la pesadilla de la ilegalidad. Este libro está más cerca del legendario Stone butch blues (1993) de Leslie Feinberg que del Zanjón de la aguada (Seix Barral, 2013) de Lemebel, pero se mantiene ajena frente a la alzada de la literatura gay contemporánea: una escena de hombres homosexuales que escriben sobre sus viajes a los países de la OTAN y sus amoríos en departamentos ñuñoínos. Las biuty queens nos recuerda que quienes lo pasan mal, lo pasan mal aquí y en todas partes.

Monalisa invita a su lector a encontrarse con sus reinas en la intimidad de sus estrechos departamentos metropolitanos, donde los discursos de inclusión mediática y los debates académicos todavía no permean. Quienes se acerquen a Las biuty queens encontrarán, para bien o para mal, unas letras que no se ajustan a las expectativas de la tradición ni la escena. Esta es una lectura fácil y entretenida, pero más interesante por sus referentes que por su estilo.

Deja un comentario