¿Por qué Sailor Moon se considera un ícono de la diversidad LGTBI+?

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La teórica del arte Valentina Lillo nos entrega una resignificación del manga y anime que marcó a muchos adolescentes en los años 90. Además dará una charla sobre Sailor Moon y la representación no binaria del género, en BV Egaña el viernes 9 de agosto a las 17.30  horas y en BV Vespucio, el viernes 16 a las 18.

Por Diego Hidalgo.

Valentina Lillo (Santiago, 1992) con solo cuatro años de vida comenzó a ver capítulos de Sailor Moon, una serie animada inspirada en un manga creado por Naoko Takeuchi. Al llegar del jardín infantil se instalaba junto a su madre frente al televisor para seguir este animé protagonizado por mujeres heroínas.

“La primera vez que vi la serie me identifiqué con Serena, esta niña llorona y signo cáncer –como yo– que junto a sus amigas combatían el mal desde una perspectiva diferente a la que mostraban las series norteamericanas. Cuando fui creciendo pude reconocer en la pareja de Haruka y Michiru la posibilidad de que existieran relaciones amorosas entre mujeres; fue mi primer contacto con algo así en televisión. Esto marcó mucho mi experiencia al descubrir mi sexualidad, no era algo raro, había más personas como yo”,  recuerda Valentina, quien hoy es una teórica de la historia del arte y ha recorrido distintos espacios culturales y académicos gracias a su estudio de reflexiones estéticas sobre animación japonesa en Chile en la década de los 90.

 

La popular serie de los años 90 se basó en el manga de Naoko Takeuchi.

 

Para Valentina la serie tiene la virtud de ser “la primera instancia en Chile en la que una serie dirigida a público infantil mostró abiertamente la diversidad sexual en televisión abierta y por cable”.

¿Qué tiene  Sailor Moon que la hacen ser hoy un ícono de la comunidad LGBTI+ y el feminismo?

Desde su primera temporada incluye personajes de la diversidad sexual. Especialmente la relación entre Haruka y Michiru se vuelve importante, porque es retratada como una relación muy sana y juguetona, en que ambas son siempre iguales en todo sentido. Ojo de pez, villano de la cuarta temporada, es un hombre homosexual que gusta de vestirse como mujer y las Sailor Star Light podrían considerarse como personajes trans. Todos estos elementos convirtieron a Sailor Moon en un ícono para la comunidad LGBTI+.

Por otro lado, puede resultar difícil hablar de feminismo en Sailor Moon, debido a que muchos elementos de la cultura japonesa –fuertemente machista– se permean definitivamente en la serie en su versión de los 90. Sin embargo, lo que más sobresale es el hecho de que las protagonistas son mujeres fuertes, independientes y que se apoyan siempre entre ellas, sin depender nunca de ningún hombre. También el hecho de que ocupen o aspiren a ocupar todos los lugares posibles en la sociedad, sin importarles las barreras de género y la heteronormatividad, vuelve a Sailor Moon un ícono feminista, incluso desde nuestra perspectiva occidental.

Considerando que la serie fue transmitida durante la década de los 90. ¿Hubo alguna resistencia a la emisión de la serie por parte de algunos sectores?

En mi experiencia personal, estando en un colegio católico, varios padres prohibieron a mis compañeros ver Sailor Moon, incluso llegando a repartir panfletos contra estos “monos chinos pervertidos” a la salida de las clases. Este rechazo no se limitó a los 90 o principios del 2000. En 2012 fueron censurados tres episodios de la serie en los que se hacía más evidente la relación entre Haruka y Michiru en su emisión por ETC TV. Luego de la intervención del Movilh y de varias interpelaciones sobre el motivo de esta censura, la cadena decidió mover Sailor Moon fuera del horario de protección para menores. Una señal de que la ignorancia sobre la diversidad sexual es algo que aún está muy patente en nuestra sociedad y que la invisibilización de estas realidades es algo contra lo que tenemos que seguir luchando constantemente, aun cuando se han hecho grandes avances desde la primera emisión de la serie.

 

Valentina Lillo es Licenciada en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte.

 

Realizaste un estudio al respecto, por el que te han invitado a exponer sus conclusiones en distintos espacios ¿Qué se ha significado para ti poder difundir esta resignificación a esta serie que viste durante tu infancia?

Mi amor personal por Sailor Moon fue un componente importante en mi motivación, la serie marcó mucho mi infancia e incluso mi adolescencia. Más allá de eso, creo que es importante generar estudios sobre fenómenos culturales como estos, que se alejan de los objetos tradicionales de los teóricos del arte o del cine y televisión. En la academia se tiende a dejar de lado este tipo de objeto, debido a jerarquizaciones que me parecen obsoletas en la actualidad. Por otro lado, la posibilidad de difundir y compartir este estudio, con los cambios necesarios según cada contexto, ha sido muy especial para mí. Espero poder continuar difundiendo este estudio y poder profundizarlo en el futuro.

¿Y qué tipo de recepción has percibido en el público?

Nunca pensé que este estudio, que hice originalmente pensando en que solo sería expuesto una vez y en un contexto muy específico –más bien académico–, iba a generar todas las oportunidades que se me han presentado desde el 2017. La recepción ha superado todas mis expectativas y me ha permitido comprobar que Sailor Moon marcó a muchas personas más de la misma forma que a mí. He podido conocer las experiencias de otres y como la serie y sus personajes les ayudaron a verse representades de distintas formas, no solo desde la diversidad sexual, sino también desde el empoderamiento feminista. Esto me confirma que es muy importante y necesario que se visibilicen fenómenos culturales como Sailor Moon y sus resignificaciones e interpretaciones.

 

Charla: Sailor Moon y la representación no binaria del género

Valentina Lillo presentará las conclusiones de sus estudios sobre Sailor Moon el viernes 9 de agosto a las 17.30 horas en BV Egaña (Mallplaza Egaña, Av. Larraín 5862, La Reina) y el viernes 16 a las 18 horas en BV Vespucio (Mallplaza Vespucio. Vicuña Mackenna 7110, La Flrida).

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