De qué hablamos cuando hablamos de amor

Por Mauricio Gallegos, sudirector BV Trébol

Escribir canciones no es fácil, menos si buscas contar una historia auténtica que sea casi palpable. Llegué a Raymond Carver (Oregón, 1938-1988) específicamente por las líricas del álbum III de The Lumineers, en las que Wesley Schultz logró retratar, a través de la historia de la ficticia familia Sparks, los problemas afrontados por una pariente cercana a quién ni el amor ni los recursos pudieron salvar de su alcoholismo; mal que la tuvo indigente durante más de un año.

La manera de escribir de Schultz me hizo ruido cuando tuve en mis manos De qué hablamos cuando hablamos de amor (Anagrama, 2019); luego de haber leído un par de páginas, sentía que estaba oyendo las palabras con la música folk, al ritmo de la guitarra y el pandero de fondo. Un chico en estado de coma, jóvenes que cometen un asesinato en la carretera, estafadores de una noche de bingo, y parejas que reflexionan sobre el amor mientras acaban una botella de ginebra. Diecisiete relatos que nos mantienen con un dejo de melancolía, suspenso, pena y una tensión inundante.

Quizás esta sea la mejor definición que tengo para hablar de Carver: un hombre que relata pequeños pedazos de la vida con memoria fotográfica, poniendo énfasis en cada detalle, pero lo suficientemente escueto para no profundizar en sus personajes, dejando un lado inconcluso que solo es posible completar con nuestra propia tristeza. Sus problemas con el alcohol se reflejan fuertemente en los cuentos. Sin lugar a dudas, uno de los grandes exponentes del realismo sucio junto a Lucía Berlín y Charles Bukowski.

¿Por qué no bailáis? se titula el relato que nos da la bienvenida al universo injusto, sucio, ruidoso y desconsolador de este libro: “Se sirvió otra copa en la cocina y miró los muebles del dormitorio… mesilla de noche y pequeña lámpara a su lado de la cabecera, mesilla de noche y pequeña lámpara al otro lado, es de ella. Su lado y el lado de ella. Pensó en ello mientras bebía a sorbos el whisky”.

Este párrafo es todo lo que obtendremos de Max, un hombre solitario —hundido en un sentimiento de ausencia— que puso todo en venta en su antejardín, llamando la atención de una joven pareja que recién se había mudado a un pequeño apartamento.

Nos encontramos con protagonistas mayoritariamente comunes, a excepción de algunos casos que rozan lo extravagante como ocurre en Visor, donde un hombre con garfios en vez de manos, golpea la puerta de una casa para ofrecerle a su dueño una fotografía tomada desde la vereda de enfrente. Mientras que uno está intrigado sobre cómo es posible sacar fotografías con unos garfios, el otro parece haber retratado no sólo el frontis de su casa, sino que también una imagen acertada sobre la vida que estaba llevando aquel hombre.

De qué hablamos cuando hablamos de amor es un libro con finales abruptos, irónicamente lleno de vacíos e insatisfacciones. Otras obras como Catedral (Anagrama, 2018) y Si me necesitas, llámame (Anagrama, 2001), se suman hoy a mi lista de pendientes para intentar contestar la interrogante que nos propone el título.

Finalmente, fue tiempo después de haber conocido los libros de Carver que me encontré con un comentario personal de Wesley Schultz en  sobre su canción “Jimmy Sparks”, el cual me da la razón y confirma lo que creí una coincidencia: “…Una canción tan vívida en sus imágenes y tan devastadora en su interpretación de un padre e hijo alienados como una historia corta de Raymond Carver o David Foster Wallace”.

 

De qué hablamos cuando hablamos de amor
Raymond Carver
Anagrama, 2019

Autor: Raymond Carver

Editorial: Anagrama

Año: 2019