El hombre que mató a Lucky Luke

Por Carlos Henríquez, Mediador de lectura de BV Egaña.

Froggy Town es un pueblo duro del viejo Oeste, cuya gente ha sido forjada por una vida agreste, aburrida y desprovista de lujos. Para empeorar los ánimos, la mina que daba vida al pueblo está acabada y el tabaco escasea en cada tienda; no hay donde refugiarse de toda esa frustración, no hay lugar en el que esconderse de Froggy Town. Es bajo esta atmósfera que llega Lucky Luke, un solitario justiciero cuya fama lo precede a donde quiera que va, intentando encontrar su lugar en el mundo. Su llegada no pasa desapercibida ante las autoridades de Froggy Town, que en medio de un asesinato ven con malos ojos su inesperada llegada. ¿Podrá Lucky Luke traer justicia a un pueblo moribundo? ¿Podrá un hombre marcar la diferencia?

Dibujado, escrito y coloreado por Matthieu Bonhomme (París, 1973), autor de obras como El espíritu perdido (2009) y Texas Cowboys (2012)El hombre que mató a Lucky Luke es ante todo una carta de amor al personaje de tiras cómicas creado por Morris (Bélgica, 1923 – Bruselas, 2001), dibujante Belga que semana a semana entregaba una pequeña historia protagonizada por un vaquero “más rápido que su propia sombra”, una parodia-homenaje al western norteamericano que en los años 40 dominaba en el cine y la cultura popular, siendo representativas muestras de ello las películas Stagecoach (1939), My darling clementine (1946) y Shane (1953), entre otras. En estos cómics se podía ver a Luke salvando el día en imposibles situaciones y alocadas aventuras gracias a su ingenio, valor e inigualable puntería y velocidad con el gatillo. Con el paso de los años, el western se arraigó en Italia, país en que surgió el “spaghetti western”, género cinematográfico cuya principal características era la exageración de los clichés y mitos del Viejo Oeste norteamericano, retratados fielmente en películas como El bueno, el malo y el feo (1966), Por un puñado de dólares (1964) y Django (1966). Ante este recambio generacional, el cómic Lucky Luke fue respondiendo a las nuevas tendencias volviéndose un poco más adulto y abordando temas propios de una época donde los héroes ya no veían todo en blanco y negro.

Es precisamente este Lucky Luke el que nos presenta Matthieu, un héroe cuyos ideales no logran calzar en un mundo derrotado ante una ley corrupta y una cotidianidad aplastante. El trazo con el que los personajes son dibujados es firme y continuo sobre colores matizados, hace un contraste entre los brillantes colores del protagonista y los tonos pasteles de los escenarios; para Luke, lo que es rojo es rojo y lo que es azul es azul, característica que nos ayuda a empatizar con un héroe cuya moral le puede costar incluso la vida. En este Viejo Oeste, a veces los buenos se ven enfrentados el uno contra el otro, y los malos solo logran confundirse entre la multitud.

Es esta disyuntiva la que nos presenta El hombre que mató a Lucky Luke, un relato a la vieja usanza, una historia sencilla que entre líneas nos plantea una pregunta mucho más profunda de lo que quisiéramos aceptar: ¿Qué es lo que mata a un hombre? ¿Es la bala que tuerce la carne o la que tuerce el espíritu? A veces hay que matar el pasado para que el futuro pueda florecer, sacrificar la testarudez y las malas costumbres para recuperar el camino perdido. A veces solo se necesita un buen hombre para cambiar el mundo, pero ¿puede un hombre marcar la diferencia? tal vez. Tal vez aún queden buenos hombres en el mundo.  

 

 

Autor: Matthieu Bonhomme

Editorial: Ediciones Kraken

Año: 2016