El peso de la sangre

Por Ja’nos Kovacs, mediador de lectura.

El Peso de la Sangre (Debate, 2019) no es un mero ejercicio autobiográfico. Es más una sutura. La mano del periodista Juan Luis Salinas va uniendo cuerpos —en carne y memoria— al tejido histórico de la pandemia del VIH/SIDA: cuerpos de hombres, mujeres y niños, todos seropositivos, todos heridos por un cúmulo de prejuicios que incluso hoy aplastan las vidas de quienes viven con VIH.

En promedio, el 7.7% de la masa corporal de una persona adulta corresponde al peso de su sangre. El cálculo estándar de este promedio consiste en la división del peso total en trece partes. El 7,7% es un porcentaje que, salvo en contados casos, no varía. El porcentaje no varía, pero el peso de la sangre, en sus dimensiones metafísicas, aumenta e inmoviliza. En 2003, después de varios meses de soledad autoimpuesta y posibilitada por la ausencia de su compañera de piso, Salinas le abre la puerta de su departamento a Catalina, una amiga que necesita usar el baño. No sabe por qué exactamente, pero le abre la puerta. Salinas estaba delgado en extremo y había estado batallando fiebres intensas, problemas estomacales y parches blancos en su lengua. Catalina lo ve débil, casi agonizante, y se decide a llevarlo a la clínica más cercana; Salinas era seropositivo y su elevada carga viral (número de copias del virus del VIH por mililitro de sangre) le había provocado un cuadro de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. Podría haberse muerto; hasta tenían preparados los papeles para su cremación. Pasó más de un mes hospitalizado y sobrevivió.

Al ser entrevistado en radio cooperativa en febrero de 2020, a menos de un mes del inicio de otra pandemia, la del COVID-19, Juan Luis Salinas habla del pensamiento mágico: ese autoengaño en el que incurrimos al ignorar una verdad perturbadora, tal vez demasiado pesada para el presente, convenciéndonos de su inexistencia, de una desaparición o de una mejora espontánea y milagrosa. Eso hizo durante el tiempo transcurrido entre su primer diagnóstico y la agonía de sus días en la UTI. La primera vez que escuchó su estado serológico fue contra su voluntad: había sido atropellado en la alameda y despertó vendado y atontado en una camilla de la posta central. Una de las enfermeras que asistió la cirugía de sus dos fracturas expuestas le informó que le habían hecho el test del VIH, bajo la excusa de que había sido una medida de protección para el equipo médico, y que el resultado había sido positivo. Algo ilegal, puesto que este test requiere la firma de un consentimiento informado por el paciente. Un protocolo conocido y una infracción que motivó el silencio de sus médicos tratantes. Esa vez solo fue la enfermera quien, mientras Salinas entraba y salía del estupor de la anestesia y el shock de no recordar cómo había llegado a la posta, le dijo que era VIH positivo. Y esa confesión confusa y tabú dejó un espacio en el que Salinas pudo atribuirle el diagnóstico a una alucinación o a una simple equivocación.

Desde ahí parte el relato, desde su propia sangre. Y va tomando las historias que han ido brotando desde el comienzo de la pandemia del VIH/SIDA. Entre ellas la de Edmundo Rodríguez, primer caso de SIDA en Chile (cuya muerte fue inmortalizada bajo el infame titular “Murió Paciente del Cáncer Gay Chileno”), la del ex funcionario de la FACH Alex Cea, dado de baja por su estatus serológico en 2001, y las de aquellos y aquellas viviendo con VIH en la República Democrática del Congo, quienes son forzados al exilio familiar porque el paradigma religioso dominante (un sincretismo entre cristianismo y las religiones tradicionales africanas) los perfila como malditos, portadores de un demonio que presagia desgracia para todos quienes les rodean

El recorrido de Juan Luis Salinas nos ofrece una sutura entre periodismo y autobiografía, iluminando las omisiones, negligencias y miedos —presentes y pasados— que rodean al VIH/SIDA. Esta exploración se hace relevante en tanto nos permite hacer memoria y, en la coyuntura de dos pandemias, trae al frente las similitudes en el manejo institucional de dos tragedias biológicas y socioculturales, invitándonos a reflexionar sobre la necesidad de respuestas oportunas, humanas y certeras.

 

Autor: Juan Luis Salinas

Editorial: Debate

Año: 2019