El Pez que sonreía

Durante Octubre celebramos el arte gráfico, en el marco de #INKTOBER, mostrando lo mejor de nuestra colección de Novelas gráficas, álbum y cómics. En Esta ocasión, presentamos el libro El Pez que sonreía (1998) del ilustrador y escritor taiwanés Jimmy Liao.

Por Yasna Sagredo, mediadora de lectura BV Tobalaba.

Jimmy Liao (1958) nace en Taiwán, egresado de la facultad de Bellas Artes, dedica su vida a la publicidad por un periodo de doce años. Hospitalizado por una leucemia tomó la decisión importante de abandonar su carrera publicitaria, cambiándola por la escritura e ilustración de libros infantiles desde los cuarenta años.

Ser talento asiático y ser reconocido no debe ser fácil en tierras donde el semillero artístico es abundante. Entre novelas gráficas, libros álbum, o mangas —este último con todas sus variantes según el país de procedencia—, destacar no es tarea fácil. No son pocos los dibujantes en Asia que comienzan su carrera antes de los veinte años  y el renombre viene con la publicación en alguna revista importante en el área. En ese contexto el camino y reconocimiento de Jimmy Liao, como ilustrador, se inicia de forma tardía.

Su estancia en el hospital se convirtió en un catalizador para emprender la carrera artística de forma independiente y del mismo modo, para inspirar una de las historias por la que es reconocido.

El pez que sonreía (1998)  es un cuento que habla sobre la libertad, es la historia de un hombre que en su rutina diaria citadina observa a un pececito que sonreía en el acuario, en medio de otros animalitos de su especie. Nuestro protagonista experimenta la felicidad de la posesión. “Un pez fiel como un perro, mimosa como un gato y amante como una esposa”, no obstante,  luego de una pesadilla comprende que el pez debe ser libre, volver a su hogar original, y emprende la marcha para liberar a su mascota.

En el sueño experimenta la sensación de libertad que entrega el viaje o el movimiento, ya sea bailando o recorriendo paisajes camino al mar, el desprendimiento del miedo, canturrear las canciones olvidadas, nadar junto al pececito en la inmensidad del océano, desnudo, fluido y genuino. En ese hermoso sueño, se reconoce a sí mismo, preso de su pecera, una que él mismo  había construido en el devenir de su vida y de la cual sentía que no podía salir. Ante este mal sueño, el terror lo hizo despertar de golpe.

Decidido a entregar el pececito a la naturaleza, vivencia los mismos escenarios del sueño, en un nuevo viaje con la misma felicidad de canturrear, bailar y observar el paisaje hasta la dicha de devolver al pez sonriente a su verdadero hogar y sintiendo la verdadera libertad y bienestar, nuestro amigo había quebrado su pecera.

La pecera pudo ser el cristal de aislamiento durante la hospitalización de Jimmy Liao, quien asegura en una entrevista en revista Babar (2014), haber sido el pez en el acuario y observado por la gente a través de la gran mampara de vidrio. También podemos hacer un ejercicio introspectivo, buscar nuestro pececito interior e identificar nuestra gran pecera y desprendernos de ésta para conocer o reconocer los abanicos que ofrece la vida, tan grandes y diversos como la inmensidad del océano y vivir, genuinamente, la felicidad.