Ídolo

Por Carla Giménez, mediadora de lectura de BV Tobalaba.

Marcela Trujillo (1969, Santiago) es artista visual de la Universidad de Chile (1993) y desde los 26 años pasó una larga estadía en New York donde se perfeccionó en The Art Students League en el ámbito de la pintura y, luego, en The School of Visual Arts, realizando estudios de Animatics & Storyboards para escribir y dibujar cómics. Ambas vertientes artísticas la llevaron a crear el personaje Maliki 4 ojos que es publicado en una primera versión con financiamiento FONDART para convertirse posteriormente en una historieta periódica publicado en el semanario The Clinic. Sus cómics también han sido publicados en revistas como Trauko y Big Magazine, entre otros.  Es también co-editora de Brígida, revista realizada por artistas mujeres de diversas partes del mundo donde se exponen temáticas transversales a una noción feminista desde las artes gráficas.

Ídolo (Random House, 2017) es su primera novela gráfica donde relata detalladamente, por medio de un relato biográfico –misma razón por la que fue necesario cambiar nombres, locaciones y paisajes para proteger la identidad de personas involucradas directamente en esta historia– sus aventuras en un festival internacional de viñetas en Lima donde conoce a muchos artistas, pero sin duda el más significativo fue Rolf Runde, su ídolo. Este es el seudónimo de un dibujante noruego con evidentes rasgos de personalidad adictiva y enigmático carácter con el cual Marcela –lo que sí es verídico en esta historia­­­­– ­tuvo un romance en este viaje de trabajo. Para aquel momento, ella había decidido hace varios años, por el cuidado de su salud, tener una alimentación vegana y dejar el alcohol lo que, a simple vista, genera incompatibilidades de base con su co-protagonista.

La historia sabrosa es sin duda el afair de una mujer como todas con su mayor ídolo en un escenario fuera de su cotidiano y normalidad, el festival internacional de cómics. Este es en parte el ánimo representado en sus dibujos, en cuanto a la narración de una situación extraordinaria y fascinante, que envuelve gran parte de los doce capítulos de esta novela con un halo de coqueteo, romanticismo y pasión. Sin embargo, no será esa la temática principal en este texto, pues en esta ocasión quisiera referirme a la construcción psicológica de los personajes, a través de la cual la artista logra identificar nociones ligadas al género, y las disputas ideológicas y culturales que conforman hoy en día su discurso y autoría. Pues como señala la Sociología del Arte, el artista es, en tanto que artista, también un ser social.

En paralelo a la historia central tenemos un grupo de personajes que provienen del mundo interior de sus protagonistas, Marcela y Rolf, que se transforman en símbolos o significantes de cada uno de ellos personal y artísticamente. Estos monstruos del inconsciente –como los que podemos observar también en nosotros mismos–, toman un lugar de representación difícil de delimitar e incluso subdividir en cada persona. En el interior de Marcela conviven Santa Rosa, Maliki y Kokoro; y, por su parte Rolf tiene al troll Völva.  En Marcela –Marcela de la novela que puede no ser exactamente Marcela Trujillo de la vida real, porque toda biografía es nuestra propia autoficción–, Santa Rosa es esta voz social y culposa que llama al orden y decoro, temerosa de sensaciones y emociones personales. Representada como una monja de la orden dominica, culturalmente unifica el ser social femenino en, probablemente, una extensa parte de Latinoamérica que nos llama a resguardar una imagen personal protocolar y ceñida a reglas sociales muy cuidadas. En tanto, la pequeña Maliki da la impresión de ser esta voz desprejuiciada, vivaz y risueña que disfruta de cada instante de la vida de Marcela y que toma la iniciativa o cuestiona, asimismo, a Santa Rosa por sus limitaciones para expresarse libremente. La última voz del mundo interior de la protagonista es Kokoro, un pequeño cerdito temeroso que previene de incidentes pero con la suficiente ingenuidad para estar abierto y dispuesto a divertirse. Por último, el troll Völva representa parte de la idiosincrasia de Rolf que, como dijimos, es de Noruega; siendo una figura mitológica de tradición escandinava, simboliza para este caso una energía masculina que habita lugares indescifrables, con un comportamiento rudo que raya a veces en la exageración, pero que se alimenta de una cosmovisión muy propia y, por tanto, extraña para Marcela.

Los monstruos del inconsciente en Marcela, en Rolf y en cada uno de nosotros predisponen juicios de valor, actitudes, ánimo, disposición y un sinfín de elementos sutiles que conviven endogámicamente al unísono. Así como hoy en día la artista Marcela Trujillo visibiliza nociones respecto a los roles de género y el feminismo en los diversos medios de circulación de su obra gráfica, probablemente antes habrá tenido que identificar su propia Santa Rosa, Maliki, Kokoro e incluso algún troll de tierras lejanas que sea haya quedado con ella. Quizá la constante lucha interna no sea acallar la voz de ninguno de tus monstruos, sino darle un lugar y reconocimiento, para que la disputa interior se transforme en una venidera calma que promueva el diálogo entre diversos roles e intereses en un medio por último social y primero interior.

Otras actividades


Taller: ¡Saber salva vidas!


Charla: Exposición Mírame La ilustración como voz


Made in Antofa: Feria del pequeño objeto


Taller: Introducción a la Musicoterapia


Teatro de sombras: Historias de Frida


Show musical: Presentación Habiendo paké sufriendo


Conversatorio: Eliminación de la violencia contra la mujer


Retrato cubista


Guaguateca


Taller: El rap como tradición oral