Teoría King Kong

Reseña por Camila Vargas, mediadora de lectura BV Trébol.

Teoría King Kong es la cuarta obra de la escritora francesa Virginie Despentes (1969), publicado el 2007 y reeditado el 2018 por Random House. Si tuviera que describir este libro en una palabra, sería irreverente. En un mundo que se rige por el discurso políticamente correcto a fin de no herir sensibilidades ni siquiera por accidente, la autora se muestra sarcástica, mordaz y hasta ofensiva en su afán de hacerse explicar con claridad.

Si pudiera describir la novela con otra palabra, sería cercana. No sé si lo hizo con esa intención, pero cuando Virginie relata la cruda violación que sufrió en su juventud o cómo trabajó esporádicamente de prostituta después de eso, siento que estoy con una amiga, la que con algunas copas de más en un bar, me confiesa lo que lleva mucho tiempo guardando en el corazón.

Pero que quede claro que este libro no es un melodrama. Por el contrario, la autora hace gala de un desplante tal que a ratos bordea la desfachatez. Dividido en siete capítulos, el ensayo busca sobre todo nuestra emancipación. Digo nuestra pues si bien la francesa se declara feminista, en su obra incluye a hombres y mujeres a la vez, señalando ejemplos de cómo el patriarcado y la sociedad capitalista en la que vivimos oprimen también a los hombres: “Porque la sexualidad masculina debe seguir siendo criminal, peligrosa, asocial y amenazadora. Esto no es una verdad en sí, es una construcción cultural. Echar un polvo cuando tienen ganas no debe ser algo agradable y fácil. De nuevo, doble imposición: en la ciudad todas las imágenes invitan al deseo, pero el alivio debe seguir siendo problemático, cargado de culpa”.

Respecto a las mujeres, explica: “Nos avergüenza nuestro poder. Siempre estamos vigiladas por los hombres que siguen metiéndose en nuestros asuntos para decirnos lo que nos conviene y lo que no, vigiladas sobre todo por las otras mujeres, por las revistas femeninas, por el discurso dominante. Es necesario reducir nuestro poder, nunca bien visto en una mujer: ‘competente’ todavía quiere decir ‘masculino’”.

Y creo que tiene razón. En muchas ocasiones he visto cómo se trata a mujeres en posiciones de liderazgo de mandonas, amargadas, exigentes, faltas de sexo… y peor. Una muestra de lo anterior se ve reflejado en la popular película El diablo viste a la moda. Cuando Andy cena con el escritor Christian Thompson y él le pide que admita cuánto odia a su jefa, conocida por ser cruel y sádica, la protagonista, en un acto de sororidad supremo, responde: “Si Miranda fuera hombre, nadie notaría nada malo en ella, excepto lo bien que hace su trabajo”. Lo más triste de todo ni siquiera llega a ser la demonización de las mujeres con poder, sino cómo, una vez adquirido, algunas congéneres se autocensuran, se miden al extremo a fin de no ofender, no intimidar, no dejar de ser la jefa buena onda, no herir ningún ego masculino.

La escritora francesa Virginie Despentes  | FOTO: Mónica Tudela

Por obvias razones, el capítulo del libro que más me marcó fue aquel en el que relata su violación, y reflexiona que “los hombres siguen haciendo lo que las mujeres han aprendido a hacer durante siglos: llamarlo de otro modo, adornarlo, darle la vuelta, sobre todo no llamarlo nunca por su nombre, no usar nunca la palabra para describir lo que han hecho. Se ‘han pasado un poco’, ella estaba ‘un poco borracha’ o bien era una ninfómana que hacía como si no quisiera; pero si ha ocurrido es que, en realidad, la chica consentía. Que haga falta pegarle, amenazarla, agarrarla entre varios para obligarla, y que llore antes, después y durante, eso no cambia nada; en la mayoría de los casos, el violador se las arregla con su conciencia: no ha sido una violación, era una puta que no se asume y a la que él ha sabido convencer”.

No sé ustedes, pero gracias al éxito de campañas como #MeToo o #Cuéntalo, mi inicio de Facebook se ha llenado de denuncias de violencia en el pololeo, acoso sexual callejero, acoso laboral y docente, violaciones realizadas por “amigos” o gente “de confianza” en carretes en los que curiosamente nadie vio nada malo en que un hombre se llevara a la pieza o al baño a una chica que ni siquiera podía mantenerse en pie. Y el machismo no demora en aparecer: los comentarios cuestionando a la víctima abundan, se pregunta qué estaba usando, por qué bebió tanto, por qué se expuso saliendo de noche, por qué ninguna amiga la cuidó si estaba “tan mal” (siempre debe ser culpa de alguna mujer).

Finalmente, Virginie también tiene algo que decir respecto a esta eterna culpabilidad con la que vivimos: “La condición femenina, su alfabeto. Siempre culpables de lo que nos hacen. Criaturas a las que se responsabiliza del deseo que ellas suscitan”.

Podría seguir escribiendo mis citas favoritas de Teoría King Kong por largo rato pero no es la idea. Prefiero invitarles a leer este libro cortito de 169 páginas, un libro polémico con el que tampoco estoy de acuerdo del todo, por ejemplo, en la defensa férrea de la pornografía o en la búsqueda de regularización y dignificación del trabajo sexual. Pero al menos me incita a pensar en ello y a cuestionar mis convicciones personales, las que muchas veces no son más que creencias heredadas que no tienen nada que ver conmigo pero como no me había detenido a cuestionar ciertos temas, carecía de una opinión propia al respecto. Les recomiendo leer a Virginie Despentes y a otras escritoras feministas. En el mejor de los casos, se identificarán con la causa, y en el peor, seguirán sus vidas como si nada pero al menos estarán informados.

 

Autor: Virginie Despentes

Editorial: Random House

Año: 2018

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