Una música futura

Por Arianna De Sousa, mediadora de lectura BV Norte

“Uno se desvía del camino amarillo y entiende todo. Toda la mugre.” Esta es una de las primeras citas que subrayo de Una música futura (Kindberg, 2020), el nuevo libro de cuentos de María José Navia,  ganador del premio Mejores Obras Literarias 2019 del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio en la categoría cuento inédito, y una de las publicaciones chilenas impresas y distribuidas durante la cuarentena que podemos comprar por internet a librerías de barrio que se han volcado a la web para –ojalá–, mantenerse a flote. Creo que ese hacerse paso entre todo lo que sucede afuera es la primera estrella de Una música futura, en la página final el libro reza “esperando que los bosques rojos de Emily Dickinson nos despierten del mal sueño” y yo pienso que en Kindberg, editorial nacida en Valparaíso, están haciendo lo propio para ello.

María José Navia (Santiago, 1982) es magíster en Humanidades y Pensamiento Social (NYU) y doctora en Literatura y Estudios Culturales (Georgetown University), profesora en la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile y autora de las novelas SANT (Incubarte, 2010) y Kintsugi (Kindberg, 2018). Navia hace libros correctos, muy bien escritos, sobre temas cotidianos e íntimos, pero con Una música futura va un poco más allá, se atreve a ser un poco más disruptiva, a pensar un mundo que hasta hace nada parecía muy lejano, muy Black Mirror, y que ahora de repente parece lanzarse a nosotros.

Está compuesto por siete cuentos: Cuidado, Los tíos, Panda, Una música futura, Vueltas, Tiempo compartido y Todo incluido. Historias que van de todas las cosas que nos decimos sin decir, de la ansiedad sobre el futuro, de los monstruos internos y de cómo la tecnología con su inglés, para bien o para mal, nos ha cambiado a todos. La mayoría de las narradoras son mujeres y las observamos crecer, descubrir su cuerpo, su sensualidad, su sexo, sus oscuridades y sus ternuras. Las vemos ver y las vemos reaccionar ante lo que ven, somos espectadores de sus colapsos y  decisiones.

Me detengo en el primero de ellos, Cuidado, porque la ficción es siempre un espejo, porque llegó muy a tiempo, muy a tono con lo que pasa hoy y nuestros propios encierros, hay en él un halo de vulnerabilidad.  Se desarrolla en un lugar en el que no hay espacio para la evasión por medio del entretenimiento, podría parecer incluso un diario de cuarentena de personajes que entre su propia miseria son afortunados; están en un terreno abierto, escuchando la lluvia y no en un departamento que es más una caja de fósforos con gritos aleatorios de los vecinos como soundtrack. A ellos les han quitado la tecnología mientras acá es todo lo que tenemos; para nosotros son tiempos del Tinder en cuarentena, del overposting, de intentar tocar a alguien de alguna manera y de evitar tocarnos las heridas que hemos de refregar hasta limpiarlas, y lograr que cierren de una vez por todas. Mucho del mundo paró y tenemos una oportunidad para esto: para dejar de evadir, intentar comprendernos, sanar, reconciliarnos o, por lo menos, para llegar a un acuerdo con nosotros mismos. Deberíamos siquiera intentarlo, ¿no?

“I want you to think of me sitting and singing beside you
The chain pulls us up and we know that we’re all gonna dive
The blur and the noise of the screaming can blind and distract you
But isn’t it nice when we all can scream at the same time

And it’s just a ride
It’s just a ride…”

The ride, Amanda Palmer.

 

Autor: María José Navia

Editorial: Kindberg

Año: 2020