Watchmen

Por Constanza Torres, mediadora de lectura BV Tobalaba

La obra de Alan Moore y Dave Gibbons (1986-1987) ha sido aclamada por cientos de críticos y lectores del mundo. Se ha llevado incluso el rótulo de ser el mejor cómic jamás hecho, y es que claramente estamos frente a una obra que no dejó fuera detalle alguno. Desde la propuesta de guion, su elevada estética y el arte que se oculta entre las viñetas.

Watchmen resulta ser una composición perfecta entre prosa y gráfica, pero, además, entre capítulos y viñetas. La historia complementa esta atmósfera con música, citas y autores que activan y realzan la mecánica de las historias, los personajes y sus procesos internos.

Hablar de superhéroes es transportarse a la típica imagen de un hombre fuerte de capa y trajes que se dedica a salvar al mundo de sus desgracias. Pero hablar de Watchmen (1986) no es lo mismo. El desarrollo artístico de Moore y Gibbons es diferente, no proponen un superhéroe a quien admirar sino a una serie de “héroes” infestados en errores, de comportamientos delictivos y de una moral digna de un retrete, que terminan por poner a prueba nuestra propia moral y creencias, usando las distintas voces que le dan vida a esta gran novela gráfica.

La historia se nutre con la investigación del asesinato de Edward Blake (El Comediante), a cargo de Rorschard, “héroe” encapuchado dotado de una grave sociopatía, que fue heredada en su infancia, tras los constantes maltratos y vivencias provocadas por su familia y entorno. Su personalidad lo lanza a investigar de forma detallada el asesinato de Blake, mientras a la vez anuncian los “Vigilantes” que un posible complot va tras ellos.

Moore nos presenta al antihéroe, a la basura recogiendo basura, lo grotesco y perturbador de una sociedad, nos muestra sus propios miedos y violencia, y sus respuestas ante ellos. Nos invita a probar el sabor de lo fantástico con la existencia de uno de los personajes más admirados: Dr. Manhattan, que con su imagen “Todopoderosa”, capaz de destruir y construir a nivel atómico, nos conecta sin duda con el cuestionamiento a Dios. La existencia de un “superhombre”, con habilidades que hasta ahora conocíamos como divinas, se convierte en un ente real que genera miedos y esperanzas en las personas, así tal cual, como el Dios que conocemos.

“¿Quién vigila a los vigilantes?”, es la pregunta que nos deja Moore en los primeros capítulos, misma pregunta que me hago cada vez que el protector tiene el poder y abusa de sus protegidos, de su entorno y se convierte en el monstruo contra el que lucha.

Si el Dr. Manhattan no tuviese el protagonismo del que goza, entonces el parecido a la realidad sería abismante, ¿verdad?: ¡personas uniformadas, trabajando para el gobierno, por un “bien mayor”, que buscan poder y mantenerse en él, problemas sociales, descontento, bullicio, violencia…!

La comedia sigue treinta años después de la publicación de esta colección, con la única diferencia que nosotros -aún- no tenemos el toque de la ficción.

Otras actividades


Taller: ¡Saber salva vidas!


Charla: Exposición Mírame La ilustración como voz


Made in Antofa: Feria del pequeño objeto


Taller: Introducción a la Musicoterapia


Teatro de sombras: Historias de Frida


Show musical: Presentación Habiendo paké sufriendo


Conversatorio: Eliminación de la violencia contra la mujer


Retrato cubista


Guaguateca


Taller: El rap como tradición oral