Reimaginando a Dios en la literatura infantil

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¿Qué imagen tiene Dios? ¿que nos diría en una conversación cotidiana con él? con estas interrogantes juega la destacada escritora e ilustradora belga Kitty Crowther, en su cuento “Theo y Dios“. Te invitamos a conocer un poco más de este ingenioso relato a través de la reseña preparada por Carlos Álvarez, mediador de lectura de Biblioteca Viva Antofagasta.

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 -¿Usted es Dios? ¿”El” Dios? Pues no lo imaginaba así
-Bueno, lo cierto es que no soy “el” Dios; yo soy un dios.

Theo se queda pensando en lo que le acaba de decir aquel ser y luego le pregunta:
-¿Y sois muchos?
-Hay tantos dioses como estrellas en el cielo, e incluso tal vez más.”

Fragmento de Theo y Dios. Kitty Crowther.

Theo y Dios” es un cuento que invita ante todo a dejar volar la imaginación. A plantearnos en qué medida podemos generar alteridad con una figura tan compleja como la de Dios. El libro simplifica enormemente esta cuestión en una narrativa simple y divertida. Nos encontramos con un relato donde, un hombrecito  –una forma amigable de presentar un hombre adulto- llamado Theo, se encuentra con una cosa llamada “Dios” –una representación conceptual de Dios con figura humana- en un camino de un bosque.

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Dios existe en este cuento, pero este Dios vendría con muchas sorpresas, pues advierte que no es el único e incluso nos invita a creer en un universo en donde los dioses están presentes y viven en un plano similar al que vivimos los humanos.  Nos incita a aceptar distintas realidades, distintas creencias que están tan presentes en nuestro mundo como en el cuento.

Quizás algunos se pregunten si es un libro idóneo para niños,  a ellos les digo: por supuesto. No es un cuento para digerirlo a través de la razón, no para los niños al menos. Es un cuento para digerirlo a través de la sensibilidad, que permite acercar la complejidad que implica la figura de Dios, en un relato simple con trazos infantiles que nos produce querer recrear a esta figura, dibujándolo de la misma forma.

Este Dios puede hacer muchas cosas, desde transformarse en distintos animales, como un conejo y un venado, o en un ser humano vestido de vaquero o indio, hasta poder caminar sobre el agua o flotar por los aires; sin embargo Dios admira a Theo por poder hacer cosas que él no puede hacer, como nadar o trepar árboles. En este sentido, no existe una jerarquía entre Dios y Theo, más bien, se establece un vínculo de amistad y admiración mutua. Podríamos preguntarnos entonces, ¿Querrá Dios ser un poco como nosotros a veces?

El libro no intenta reivindicar valores religiosos, ni tampoco establecer una relación anárquica entre la religión y Dios. Más bien, la obra nos induce a personificar a Dios como alguien simple, dispuesto a ayudar y a compartir con Theo, un hombrecillo, que de alguna forma todos somos o hemos sido.

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