Releyendo el Diario de Ana Frank

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Durante dos años, ocho personas se ocultan de la persecución contra los judíos por el nazismo. Entre ellos, estaba Ana Frank, quien con tan solo trece años, vive esos años junto a su diario de vida a fin, como una forma de desahogarse de ese encierro, de encontrar cierta complicidad en sus páginas, sin saber que escribiría uno de los testimonios más importantes de las víctimas del holocausto durante la segunda guerra mundial.

Por Astrid Donoso H.

 

Hablar del  holocausto es recordar a Ana Frank y esos dos años escondida junto a su familia para poder sobrevivir. No son años comunes y corrientes. Una guerra mundial azota a Europa, cuando aun pesan los embates y consecuencias de la primera gran guerra y la gran depresión. Adolf Hitler ha llegado al poder en Alemania y con su ideología xenófoba y racista ha agitado a buena parte de la población alemana y de otros rincones del continente. Entonces, los nazis avanzan por países que esperaban no ser invadidos y una de las mayores masacres en la historia está sucediendo en decenas de campos de concentración y cada día que pasa la tragedia aumenta y nada parece poder detenerlo.

Todo se vuelve a tal punto peligroso, que deciden emigrar de su nativa Frankfurt y comenzar de cero en un nuevo país: Holanda, que había permanecido neutral en la primera guerra mundial y parecía el lugar ideal para sobrellevar esta nuevo conflicto armado. Otto Frank, padre de Ana, había sido condecorado, incluso por Alemania en su minuto, por su participación en la primera gran guerra. Pero nuevamente todo cambia con la llegada de nazis, en 1940, al país y, es en ese contexto, en que Ana ve que su nueva vida familiar y escolar en Ámsterdam, con amigos y pases se desvanece de un día para otro y ya no puede vivir como antaño con idas al cine, al parque o siquiera asistir al mismo colegio. Pronto son segregados y se les obliga a una serie de restricciones donde se incluía la estrella, siempre visible en sus ropas, para que no quedara duda de que sobre ellos cargaban una serie de restricciones y limitaciones. Cuando Margo recibe la carta de deportación por parte de los nazis, los planes de Otto por resguardar a su familia se adelantan y deciden esconderse, junto a otra familia cuyo hijo Peter había sido llamado también. Ese escondite, tras una estantería de libros en una oficina sería la nueva vida de Ana junto a los suyos.

Dos años de encierro, en plena adolescencia. Encerrada junto a siete personas, Ana no tenía un espacio propio, compartiendo habitación con un extraño y hasta el mismo escritorio que usaba para escribir no era completamente suyo. En esos dos años que Ana permanece junto su familia, podemos entrever mucho de ese mundo que ha dejado atrás: el peligroso ambiente que sabe existe afuera de esas paredes y que conoce por las noticias. Ana ha dejado atrás la niñez en el momento que su mundo comienza a derrumbarse por segunda vez y el encierro es una nueva etapa en su vida, donde quizás muchos aun siguieran viéndola como una niña.

Inquieta, curiosa, vivaz y conversadora, Anne estaba llena de preguntas por lo que sucedía y si bien muchos siguen retratándola como una pequeña, la verdad es que ella tenía claridad de lo que pasaba a su alrededor y de cómo la violencia nazi avanzaba antes la indiferencia de una parte de la sociedad. Y es que Anne ya no era del todo una niña, como la veía su padre y todos quienes convivieron con ella esos días de encierro, y es algo que queda muy claro al leer ciertos pasajes de su diario:

“¿Por qué han enloquecido los hombres así? Nunca creeré que los poderosos, los políticos y los capitalistas son los únicos responsables de la guerra. No, el hombre común y corriente, también se alegra de hacerla. Si así no fuera, hace tiempo que los pueblos se habrían rebelado”.

3 de mayo de 1944.

Aun no hay certeza de quién dio aviso a las autoridades nazis y delató el escondite. Todos fueron arrestados apenas fue descubierto y enviados enseguida a un campo de concentración. Luego de su madre, Edith, a Margo y Ana se las llevaron al temido Auschwitz. Esa sería la última vez que vería a su querido padre, del cual estuvo siempre tan apegada.

 

El legado de Ana

Otto siempre guardó esperanzas de reencontrarse con su familia. Sin embargo, de los ochos habitantes del escondite en el centro de Ámsterdam, fue el único que sobrevivió al horror nazi. Cuando tuvo la noticia de la muerte de su esposa, y luego la confirmación de que Ana y Margo habían muerto por tifus en deplorables condiciones y con solo un par de días de diferencia, se derrumbó. Pero pronto volvería a saber de la menor de sus hijas a través de su diario que había sido resguardado por Miep Gies, poco después de que todos fueran detenidos.

Miep fue una de más cuidadoras de la familia durante su encierro, había trabajado ya con su padre en la oficina que logró instalar cuando emigraron a Holanda y hay muchos testimonios claves para reconstruir la historia de esos dos años de encierro y también de la locuacidad de la despierta Ana. Ella resguardó papeles y todo lo pudo del diario y de sus los escritos, siempre con la esperanza de entregárselo a ella, pero al saber de que no volverían, se lo entrega a su padre. Otto se demoró en leer el libro y, según declara la misma Miep, lo primero que confesó es que no conocía a su hija menor. Poco de esa niña que tenía en su recuerdo encuentra en las páginas de su diario. Demoró tres semanas en leerlo, atento a los detalles, a los comentarios, a las observaciones de Ana sobre su familia, sobre el encierro y la persecución nazi.

Este diario había sido un regalo de su padre para su cumpleaños, en las primeras páginas Ana habla de su empeño en contar con quien hablar, de poder escribir como si esas páginas fueran los oídos de una buena amiga, por lo que bautiza ese cuaderno como Kitty. En esas páginas, Otto no solo se encuentra con algunas observaciones que le parecen duras sobre sus compañeros de encierro; sobre su propia madre, con la cual tenía una relación algo tensa, sino que descubre su amistad y romance con Peter, el hijo de  Hermann y Auguste van Pels, con quienes compartía el escondite. Ana habla de la guerra, de la bondad y de la indiferencia del ser humano. Da cuenta de los avances de los aliados, de las esperanzas antes las derrotas nazis, y entre eso, descubre que quiere ser periodista, que quiere escribir. ¿Pero quién querría leer el diario de una niña? Se preguntó Otto, como alguna ve lo hizo la misma autora.

Confiado en el valor de los escritos de su hija, permite que otros lo lean y le den su opinión. Llega así a hablar con Jan Romein, quien lee el Diario y escribe una pequeña columna sobre este en el diario Het Parool, titulada “Voz infantil”. Esa breve reseña fue el impulso para que el diario de Ana publicara su primera versión en 1947, en 1952 sea traducido al inglés y tres años después al español. También, en 1955, en medio de la popularidad del libro, se llevó a las tablas en Broadway; y en 1959, se filmó la primera película donde se retrataba a una Ana dulce y enérgica. Y si bien persiste la idea de verla como una niña en estas producciones, es importante pensarla como alguien que tenía sus propias ideas, que poseía un carácter decidido e intenso y que defendía el derecho a tener y expresar sus propias opiniones.

“Pueden callarnos, pero no pueden evitar que tengamos nuestras propias opiniones, que nos prohíben manifestar por el solo hecho de ser jóvenes”. 2 de marzo de 1944.

Diversas lecturas para un solo diario

La edición en torno a la obra y vida de Ana Frank es enorme, más aún si vamos más allá del idioma español con álbumes, libros ilustrados que buscan narrar la historia desde diversos aspectos, reimaginando el relato para nuevos lectores.

Del mismo diario existen diversas ediciones, la mayor parte de ellas son el diario completo con muy pocas o nada de ilustraciones, más que la portada con algunas de las fotografías que se conservan y que muestran a una Ana sonriente y de ojos vibrantes, sentada en un escritorio y mirando a la cámara. También hay retratos de ella que se alejan un poco de su verdadero rostro, tan conocido -con esa amplia sonrisa y esa vitalidad del horizonte abierto- y que ficcionan su vida desde la perspectiva de un árbol que estaría junto a la ventan, o de un incluso un gato. Muchas lecturas para una sola vida, que con mayor o menor énfasis, se centran en esos dos años viviendo entre las paredes de su refugio.

Editorial Alba tiene una interesante colección titulada Pequeña & Grande, con libros pensados para niñas y niños, a fin de dar cuenta de grandes figuras de la cultura, historia y la ciencia  desde sus biografías y acercarlas. Entre los personajes destacados se encuentran: Greta Thunberg, Hannah Arendt, Alan Turing, Martin Luther King, Vivianne Westwood o Ella Fitzgerald siempre con la pluma de María Isabel Sánchez Vegara. Es interesante esta colección, porque al menos en la versión de la vida de Ana, las ilustraciones están en blanco y negro, llenas de detalles que dan cuenta de aquellos días de ascensión de Hitler y de cómo avanza a tal nivel que la vida de millones cambia radicalmente para siempre. Lo único, que luego vemos en colores, es el diario, en los tonos rojos tal como fuera el original. Las ilustraciones son de la  autora ucraniana Sveta Dorosheva y logran rescatar elementos claves que aparecen en el libro como las fotografías recortadas de las revistas con actrices y actores de la época con las que Ana decora el reducido espacio que llega a habitar en su encierro.  Hay momentos donde vemos ciertas escenas de su vida como si fueran viejas fotografías, mientras otras tienen un tono más poético, y otras incluso logran cierta complicidad con el lector y lo mira directamente.

 

Otra colección que ha tenido mucho éxito con biografías como las de Marie Curie, Nelson Mandela o Amelia Earhart es la de editorial Blume, con la colección Pequeños relatos, distribuido en Chile por editorial Contrapunto. Con textos de Isabel Thomas e ilustraciones de Paula Escobar, la paleta de colores esta vez es más amplia pero reducida a tonos rojos, cafés y lilas. Vemos a Ana compartiendo con amigas, manejando su bicicleta por las calles de Ámsterdam luego de abandonar Alemania tras la ascensión de Hitler al poder. Pero pronto esa aparente seguridad en las calles,  esa libertad se ve coartada por la llegada del nazismo a Holanda, y como familia judía no solo es segregada sino que deben terminar por ocultarse. Textos simples, pero suficientemente claros para dar cuenta de lo esencial de la vida de esta niña de trece años hacen de este libro uno de los más atractivos para niñas y niños, ideal para tener en bibliotecas, ojalá con otros de la misma colección.

 

Una maleta, un viaje, una huida para sobrevivir es la primera imagen que vemos del libro editado por Das Kapital. Esta es una mirada a la vida de Ana Frank y esa posibilidad de esconderse para sobrevivir a holocausto. Ana: Reimaginando El diario de Ana Frank, escrito por Marjorie Agosín e ilustrado por Francisca Yáñez, es un delicado relato, una relectura de ese diario y esas vivencias tan extremas. Acá la historia comienza un poco antes de ese cumpleaños en que Ana recibe a Kitty, su diario, de regalo en manos de su padre, a fin de poder mostrar la vida cotidiana que llevaba. Volvemos a ver Ana andando en bicicleta, tomando helado con sus amigas, disfrutando de ser una niña junto a otros, haciendo nuevas amistades. El tono es poético y se conjuga muy bien con el trabajo de la ilustradora, quien ha trabajado hondamente el tema del exilio y la migración en la infancia, por lo que el tono tiene esa misma textura, ese mismo tono evocador de un pasado y que logra dar cuenta de la tensión que se va generando en la historia a medida que avanza el nazismo.

Existen tres novelas gráficas traducidas al español que relatan la vida de Ana en su diario y que son una nueva forma de acercarse, llegando a un público distinto, donde quizás se logra una mayor fuerza al dramatismo y a la tragedia al poner en movimiento al ejército nazi y a Adolf Hitler, al verlo literalmente avanzar en sus viñetas. Ana Frank, la biografía gráfica (Sudamericana), de Sid Jacobson y Ernie Colon, va un poco más allá del mismo diario, siendo una biografía de Ana, texto que fue trabajado en conjunto con la Casa de Ana Frank, organización fundada por su padre en Ámsterdam y que tiene un interesante sitio web, además del museo, para poder visitar. Por ende, gran parte del libro se presenta como un testimonio por la paz y la narración no solo se centra en el diario y en la vida de la protagonista sino que nos da una perspectiva de los acontecimientos que llevaron a la ascensión de Hitler y el nazismo, algo ideal para que jóvenes se acerquen a la historia.

 

Por su parte, El Diario de Anne Frank. La adaptación gráfica (Norma editorial), de David Polonsky e ilustrado por Ari Folman, no solo pone en relieve los momento más icónicos del diario, sino que rescata el sentido del humor de Ana y su anhelo por la paz, con la esperanza de lograr salir de su escondite y el fin de la guerra y la persecución. Así como la narración comentada antes, este también va dando cuenta de los sucesos históricos a fin de ir comprendiendo esos dos intensos años de encierro, para Europa y el mundo. Aquí podemos ver a Kitty como una amiga, no solo como un cuaderno de escritura casi diaria sino una niña como ella, alguien cercano. Este recurso fantástico busca dar mayor relieve a lo que escribir, confiar sus secretos, pensamientos y mirada significaba para Ana, algo que se acentúa aun más al usar, por ejemplo, obras clásicas como El grito, de Edvard Munch, para mostrar la angustia o retratar a Ana como Adela Block Bauer I, de Gustav Klimt. Algo significativo además es que a medida que vamos avanzando en el relato, la voz de Ana comienzo a tomarse las páginas, dejando las ilustraciones, dando un mayor espacio al diario mismo, a sus propias palabras.

Y si bien no es el diario propiamente tal, editorial Edelvives publicó el año pasado una edición titulada La vida de Ana Frank, que busca no solo contar la historia de Ana y de lo que sucedió con el avance del nazismo, sino que busca mostrarnos también los pensamientos, ideales y sueños que Ana escribía en su diario, incluyendo un estuche donde junto a un libro se suma un cuaderno con documentos históricos y algunas sugerencias para comenzar a escribir un0 propio. Y así, como alguna vez Ana escuchó en la radio inglesa,AA el llamado a escribir y relatar lo ocurrido durante la guerra, pensando en convertirse documentos históricos de una acontecimiento mundial, estos consejos a los jóvenes lectores es una invitación a contar lo que sucede en nuestros días, en nuestro propio tiempo, con sus propias agitaciones y bemoles.


Recomendaciones:

Visita el sitio https://www.annefrank.org/es/ dedicado a Ana Frank, su historia, su diario y el trabajo entorno a su legado. Su sede está en Ámsterdam en la casa museo.

Películas destacadas

  • El diario de Ana Frank, de Akinori Nagaoka. Animación japonesa (1995)
  • Ana Frank. El diario de una niña, dirigido por Julian Y. Wolff. Animación francesa (2000)
  • El diario de Anne Frank, de George Stevens. Película estadounidense (1959)
  • El diario de Ana Frank, de Hans Steinbichler. Película Alemana (2016)
  • Descubriendo a Ana Frank. Historias paralelas. Documental de Anna Migotto, Sabina Fedeli (2019), disponible en Netflix.

 

 

 

 

 

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