Rodrigo Ramos, escritor: «Busco generar un relato del Chile de la barrera, ese de los comentarios de las noticias en facebook»

Rodirgo Ramos

El periodista, cronista y escritor, nos cuenta sobre sus libros situados en el norte chileno, como Ciudad Berraca, la novela que aborda la inmigración colombiana en Antofagasta y su más reciente libro de crónicas Tropitambo.

Por Diego Hidalgo | Foto: Raul Goycoolea

Un agradable calor acompaña al envidiable atardecer de Antofagasta. Al interior del restaurant La Leonera el escritor Rodrigo Ramos Bañados (1973) se dispone a conversar sobre sus libros. Su voz se pierde entre las canciones de Los Fabulosos Cadillacs o de los Auténticos Decadentes, y su presencia es acompañada de paredes rayadas con citas de Charles Bukowski y meseras colombianas que toman pedidos de cervezas y completos. Bañados está jugando de local. Gran parte de su vida la ha pasado en el norte de Chile, por lo que situar su literatura en ciudades como Tocopilla, Alto Hospicio y la misma Antofagasta ha sido inevitable.

“Me han condicionado los lugares donde he vivido, un tiempo estuve en Valparaíso y allí escribí unos cuentos del puerto, y si estuviera en Santiago quizás escribiría de Santiago. No me imagino escribiendo un libro donde los personajes no tengan un contexto para moverse, prefiero hacerlo así y aprovecho de contar las desgracias de las ciudades del norte, donde hay zonas muy toscas y por lo tanto con muchas historias interesantes”, comenta el autor mientras se acomoda sus anteojos gruesos, para posteriormente beber un sorbo de su vaso.

Ya son seis libros publicados. Entre ellos Namazu (Narrativa Punto Aparte, 2013), con Tocopilla como escenario, donde un extraño científico japonés llega a la ciudad para predecir terremotos, también Ciudad Berraca (Alfaguara, 2018) protagonizada por un adolescente afrocolombiano en Antofagasta y el recientemente lanzado libro de crónicas del norte Tropitambo (Quimantú, 2018). Así Bañados se ha instalado como uno de los más notables escritores nortinos actuales, con obras que abordan historias y problemáticas propias de la zona, como la reacción social ante la inmigración, por poner algún ejemplo.

El escritor es además periodista y ha ocupado las páginas de los diarios locales con sus crónicas, varias de ellas muy bien recibidas. Ha sido finalista del Premio Alemán de Periodismo y Desarrollo y del Premio de Periodismo de Excelencia que otorga todos los años la Universidad Alberto Hurtado, y que lo llevó a conocer al cronista Juan Pablo Meneses con quién terminó trabajando. Su profesión lo ha llevado a conocer historias de vida que lo han inspirado para su obra como escritor.

El escritor Rodrigo Ramos. Foto: El Mostrador.

¿Cómo fue que empezaste a acercarte a los libros y a la escritura?

Me empezaron a interesar los libros cuando era niño. En su casa mi abuelo tenía muy buenas colecciones de editorial Edaf, unos libros gruesos, de tapa dura y papel delgado como de biblia, ahí estaban Fiódor Dostoyevski, Víctor Hugo y Tolstoi. Eran libros largos, muy generosos en las descripciones, lo que a veces me aburría porque yo quería historias más rápidas. A escribir empecé cuando estaba estudiando en la Universidad Católica del Norte, por esos años envié un cuento a la desaparecida Zona de Contacto de El Mercurio y quedé seleccionado para un taller impartido por Sergio Gómez y Alfredo Sepúlveda. Como en el año 1999 gané una beca de escritura del Fondo del Libro para escribir una novela que nunca terminé por los desórdenes propios de la juventud.  Retomé la escritura años después, ya mas grande y trabajando. Escribí Alto Hospicio que al inicio se publicaba en un blog que yo escribía desde un cibercafé. El hecho de pagar las horas me obligaba a tomármelo más en serio. El blog comenzó a tomar fuerza y la gente comenzó a comentarlo, eso me motivó y empecé a escribir con mayor comodidad y a fluir, no como antes, que me costaba.

Y bueno, después llegaron las publicaciones, primero en editoriales independientes y luego por Alfagura. ¿Cómo fue ese proceso?

 Es un tema ese, porque acá en el norte la mayoría de la producción son libros autoeditados, los que muchas veces no quedan buenos, Alto Hospicio (2009) se publicó por Editorial Quimantú, después Daniel Rojas me hace la propuesta de publicar Pop (2010), que es una continuación de Alto Hospicio, por Cinosargo Ediciones, donde fue la primera publicación de esta editorial nortina y que tuvo harta prensa y buena crítica. Al tiempo me contacté con Narrativa Punto Aparte en Valparaíso y publicamos Namazu (2013) y luego Pinochet Boys (2016). Desde Alfagura me contactaron y publiqué la novela Ciudad Berraca (2018) lo que me dio mucha más visibilidad, porque me permitió interactuar con un público mucho más universal, diferente al lector de editoriales independientes que es más de nicho.

Ciudad Berraca también aborda un tema muy contingente que es el de la inmigración, ¿cómo fuiste desarrollando esa idea?

Fue por mi trabajo como periodista. Yo iba a buscar historias con un fotógrafo al sector de La Chimba y me encontré con una familia de colombianos que tenían a su hija pequeña con una bala en la cabeza. Al padre lo habían amenazado de muerte y estaba tratando de conseguir refugio en Chile. De la historia se publicó una crónica en el diario, y más tarde empecé a ficcionar dando vida a Ciudad Berraca, inspirada en esta familia y con uno de sus hijos adolescentes como protagonista.

Portada de Ciudad Berraca, publicado por Alfagura el 2018.

¿Tuviste la intención de plasmar una crítica social con esta novela?

En parte sí es eso. Busco generar un relato del Chile de la barrera,  ese de los comentarios de las noticias en facebook que son muy xenofóbicos, un Chile muy reaccionario ante la inmigración.

Un tema que no ha sido muy abordado en la literatura nacional…

Bueno, también lo ha abordado Felipe Reyes en sus libros y Pablo D Sheng con Charapo (Cuneta, 2016), pero sí, falta… Yo creo que tenemos que ser más generosos con los contextos que tenemos, que si estás viendo que están pasando cosas y eres escritor o cronista debes generar un texto de eso y ser más crítico. Ahora sería interesante leer el relato del colombiano o del haitiano para conocer la otra mirada.

¿De qué se trata Tropitambo?

Es mi primer libro de crónicas, una recopilación de una treintena de textos que he escrito sobre el norte, desde ciudades como Arica, Tacna y Taltal, publicados por Quimantú y con una portada bien bonita al estilo chicha. Allí presento una visión muy actual de la zona norte, con personajes bien estrafalarios. Hay unos relatos del partido entre Cobreloa y Peñarol, la historia de una nana transexual, la visita de James Bond a Antofagasta, crónicas de La Cucardas en Tacna. Es un trabajo que me reconforta mucho porque yo me siento un cronista.

¿Y qué has estado leyendo últimamente?

Ahora leí Matadero Franklin (Planeta, 2018) de Simón Soto que es buenísimo, me entretuve mucho, yo creo que es un libro que va a marcar una forma de hacer novela. Al igual que Indios Verdes (Narrativa Punto Aparte, 2018) de Emilio Gordillo, que te desestructura la forma de hacer una novela.

¿Y qué otros escritores del norte recomendarías leer?

 A Juan Podestá de Iquique que es un excelente cuentista, y al poeta Roberto Bustamante. A Víctor Escobar que va a publicar una novela y creo que la va a ir muy bien y también a Lesly Prieto. Acá se escribe mucho, yo realizo talleres de escritura y me he encontrado con jóvenes muy talentosos.

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