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Sinceras, poéticas, crudas e incómodas: las dramaturgias de Nona Fernández y Carla Zúñiga

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Liceo de Niñasde Nona Fernández y La trágica agonía de un pájaro azulde Carla Zúñiga, son dos obras que nos entregan un momento de disrupción de la realidad, donde emerge una nueva visión de esta, totalmente sincera, que llega a ser poética y cruda a la vez.

Por Monserrat Macuer,  mediadora de lectura de BV Los Dominicos.

Inquietantes, incómodos y hermosos son los segundos después de leer estas piezas dramáticas. Es que algo tiene de especial leer dramaturgia de mujeres, aunque no se pretenda nada particularmente feminista. Inexorablemente aparece una voz desde la disidencia. Y será porque la pluma femenina está aburrida de los típicos estereotipos, es que nos entrega diversidad en sus personajes. Y no solo hablando de género, sino que también con minorías que, desde lo feo, lo viejo y lo grotesco; desde lo patético y quebrado; desde lo ingenuo, lo débil y lo enfermo; y sobre todo desde la sinceridad y la crudeza de cada realidad, nos entregan intensas y hermosas reflexiones que no hacen más que estremecer nuestro presente e incomodar nuestros lugares.

 Liceo de Niñas (Oxímoron, 2016), de Nona Fernández y La trágica agonía de un pájaro azul (Oxímoron, 2017), de Carla Zúñiga, son dos obras que nos entregan un momento de disrupción de la realidad, donde emerge una nueva visión de esta, totalmente sincera, que llega a ser poética y cruda a la vez. A través del humor negro y el drama, logran una lectura curiosa, ágil e inquietante. Cada una en su estilo, expresan las voces de los olvidados, de los incómodos, de los otros, al punto de cuestionarnos nuestros propios fantasmas, nuestros otros reprimidos, escondidos, mutilados y feos.

 

 

Liceo de Niñas, de Nona Fernandez

Nona Fernández (Santiago, 1971) actriz, escritora, dramaturga y guionista, tiene ya una larga trayectoria en diversos formatos, con un constante discurso: escribir para no olvidar. Se sitúa políticamente desde su propia experiencia, Chile en dictadura, el traspaso a la democracia y el neoliberalismo de hoy. Desde este lugar emerge Liceo de niñas, una obra que toma como contexto, como si fuera un deja-vu, un liceo de niñas, unas escolares escondidas, marchas por demandas dignas, tomas de liceos, compañeros y compañeras de movimiento y sobretodo violencia y represión tanto policial como del sistema.

La obra parte en el presente, en un liceo en paro en medio de una marcha estudiantil. Dentro del laboratorio de ciencias, un profesor deprimido y agotado, en medio de un ataque de pánico, se encuentra con unas alumnas saliendo de un escondite. Prometen empatía con él a cambio de saber qué pasó con sus otras compañeras “a las que los pacos se llevaron”, pero inocentemente estas tres mujeres no comprenden la realidad, o eso es lo que se puede deducir rápidamente. Son una irrupción en el tiempo, lucen como mujeres de 40 años atrapadas en sus antiguos uniformes escolares. Creen estar todavía en dictadura, escondidas después de la última toma, en el año 1985.

A través de conceptos como la relatividad y la velocidad de la luz, el profesor intenta dar explicación a esta irrupción espacio-temporal. Y así, en una unión de la ciencia y la poesía, presenciamos esfumarse la inocencia de las escolares, junto con sus ideales, sus sueños y esperanzas de un futuro mejor, del que ya perdieron oportunidad de participar, del que ya fueron excluidas, así como todos esos compañeros que perdieron la vida luchando, y así como aquellos que decidieron olvidar.

Será un delirio, será acaso una grieta en el espacio-tiempo. Es inquietante, hasta desconcertante, pero buscar una respuesta resulta abismante y desconocido, es como si el imaginario del cosmos y el universo, que está bellamente introducido en el texto, te absorbiera en su inmensidad y con ello se esfumara la ansiedad de incertidumbre.

Lo claro es que Liceo de Niñas es una invitación a revisar en nuestro presente, con un sistema neoliberal, opresor y adormecedor, el lugar donde aún vive nuestro pasado, como fantasmas y reflejos de nuestra historia. A no olvidar quienes fuimos, nuestros ideales y, por sobretodo, no olvidar a todos aquellos que tanto sacrificaron. ¿Acaso puedes cargar el costo de vivir tranquilo hoy, si el precio es la ignorancia, la desmemoria y el olvido?

 

 

La trágica agonía de un pájaro azul, de Carla Zúñiga

Carla Zúñiga (Santiago, 1986), actriz y dramaturga, autora de al menos 12 obras de teatro, publica con este su segundo libro. Con un marcado discurso de género, se destaca por presentar siempre personajes que rompen las normas del estereotipo de lo normal, lo correcto y lo bello. Un universo de mujeres reales, como Nina, la protagonista de La trágica agonía de un pájaro azul, que vive el duelo de la muerte de su hija, y aunque dice no estar depresiva, le dice a su madre que se suicidará. Nina se declara fea, mientras se rodea de otras mujeres imperfectas: golpeadas, abusadas, abandonadas, enfermas, cahuineras, viejas, lesbianas, mujeres negras, inmigrantes, madres solteras, hijas huachas; como también travestis, hijos negros y enfermos, niño-niña, etc. Un universo de personajes marginados y rotos, que de una u otra forma tienen un fuerte vínculo con la muerte. Personajes que aparecen desfilando, uno tras otro, como un freak show bizarro.

Esta trágica agonía será una liberación. Un viaje hacia un fin, pero no cualquier viaje. Porque aunque la vida sea trágica, no quiere decir que no sea ridícula también, y es por esto que Carla Zúñiga defiende una tragedia con ironía, absurdo y humor negro. El resultado es un texto grotesco, lleno de símbolos, que fluye vertiginoso y con ritmo.

Pero entre lo absurdo y lo trágico aparecen variados discursos existencialistas y lúcidos, como el de Erika, ex compañera de trabajo de Nina, que se conmueve con cómo vive Nina su realidad, con que se haga “pichí” en público, con que llore en el trabajo. Nina vive sin miedo ni de ser, ni de sentir, ni de hacer. Y Erika quiere abrir los ojos a su realidad también. Quiere vivir su pena, llorar sin culpa. Quiere ser valiente, quiere ser real. Pero el sistema la reprime, la disminuye, la desaparece. Tanto Erika, como Nina, anhelan liberarse, y su forma de hacerlo es ser sinceras; es la realidad, por cruda que sea. La muerte de una hija, la muerte de la madre y el suicidio, son vivencias crudas que logran ser abordadas con una delicadeza, calidez, tranquilidad y respeto, que alcanza una belleza y trasciende la emoción antes que el hecho mismo.

Es maravilloso como en esta obra se logra mostrar tanta belleza en una trama tan horrible, una trama de los dolores, de lo patético, de lo feo. Es una trampa de comedia que termina en tragedia. Y aunque el teatro sea política, y a esta dramaturgia no le falte discurso, es también extremadamente poético y abrumador, y hay algo hermoso en eso, en ese oscuro, ese momento donde la realidad es cruda, donde emerge la poesía y la belleza.

Nona Fernández y Carla Zúñiga nos entregan en sus obras el momento de liberación de sus personajes, a través de vivir la verdad. Personajes que son como heroínas, valientes. Personajes en contextos reales, con carencias reales, marginados. Una hermosa invitación a liberarse, sacarse las vendas de los ojos y ser esas mujeres reales y crudas.  Leer a estas autoras también es una invitación a leer teatro, una nueva forma de conocer uno más de los tantos oficios que conforman un montaje de una obra escénica. Los textos sirven muy bien para ser leídos en grupos, son intensos, intrépidos, lúdicos y rápidos, que entregan una cápsula de razón y emoción mezclada. Son un extracto de ingenuidad y un destello de verdad representada.

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