Skip to content

Sol Díaz, dibujante: «No les pongo una meta a mis dibujos»

sol diaz ilustradora

Marcados por el humor y la crítica, el tema que cruza sus historietas es la hostilidad del mundo con las mujeres, a quienes se les imponen estrictas etiquetas desde que son niñas. Y en sus libros, precisamente esas etiquetas son las que se ponen en crisis.

Por Consuelo Olguín | Foto: fempatagonia.cl

El primer número de la revista Brígida se publicó en un contexto álgido, cuando las marchas feministas y tomas universitarias de 2018 denunciaban lo que antes estaba naturalizado: la violencia machista en sus más variadas expresiones. Sol Díaz, dibujante y creadora de la revista junto a Maliki, Isabel Molina y Patricia Aguilera, dice que fue una coincidencia. Pero que de todos modos estaba alineado con el malestar de vivir y desarrollarse en un mundo dominado por hombres. En su caso, en el masculinizado mundo de las historietas. Entonces, cuenta, se atrevieron a ser separatistas y a no dar explicaciones por eso.

Pero la inquietud por tratar el tema de la mujer y lo femenino vino desde mucho antes para Sol Díaz. Bicharracas (Ril, 2009), su primer libro de dibujos, nació como una rebeldía a las imposiciones que le decían cómo tenía que ser una niña. Luego, en ¿Cómo ser una mujer elegante? (Ril, 2010) abordó las imágenes que construyen las mujeres para calzar con los roles que se nos asignan culturalmente, mientras que en Historia ilustrada de un embarazo (Catalonia, 2017), escrita por Michelle Sadler, ahondó en los derechos de las mujeres con respecto a la maternidad. Y si bien su obra está cruzada por el cuestionamiento a las imposiciones de ser mujer, señala que no le atribuye a sus dibujos la misión de cambiar el mundo.

¿De dónde viene tu mirada crítica respecto a los roles que se le asignan a la mujer?

Tengo esa mirada porque es algo que siempre me ha molestado de chica. Más que porque haya leído, es porque es algo que uno lo ha vivido. Yo me acuerdo de cosas de chica que me cargaban, como andar con vestido o sentir que los hombres hacían actividades más divertidas que las mujeres y así una serie de situaciones que hicieron que me cargaran las mujeres y que me cargara ser mujer. Pero ahora entiendo que lo que lo que no me gustaba es la forma en que te enseñan a ser. Es bacán ser mujer, solo que el mundo es muy hostil con las mujeres y con cualquier cosa que no sea el éxito, el hombre, el poder, el capital.

La ilustradora Sol Díaz | Foto: ProChile

¿Qué libros te han ayudado a desarrollar ese punto de vista?

Cuando estaba haciendo ¿Cómo ser una mujer elegante? leí Mujeres que corren con lobos (Penguin Random House, 2018), que plantea la idea de la mujer y lo prohibido, la oscuridad en la mujer. Después me tocó hacer un libro con Michelle Sadler, que es artista y antropóloga y ella tiene todo un estudio de los derechos de las mujeres en la maternidad. Con ella hice Historia ilustrada de un embarazo. Yo justo fui mamá en ese proceso. Me leí un libro de la Casilda Rodrigañez que se llama El asalto al Hades (2007). Ahí ella plantea la idea de volver al infierno y rescatar lo que es nuestro y empoderar a la mujer de una forma mucho más salvaje. Me gusta mucho ese juego. Creo que me cargaba ser mujer porque siempre veía que ser mujer era ser una niña bonita, tierna, simpática, correcta. Y nunca me sentí en ese lugar. Cuando empecé a descubrir estos otros lugares sentí que sí me pertenecían. La mirada de género es una mirada de plantearse en el mundo, más que decir ‘voy a empezar a dibujar y hablar de este tema’.

Te surgió de una forma espontánea.

 Claro, uno siempre habla de lo que uno es. Inevitablemente.

¿Bicharracas es una respuesta a ese ser mujer que te enseñaron?

 Sí, las Bicharracas fueron mi primera rabieta, de decir yo soy mujer a la pinta mía, como yo quiera, siendo fea, negra, guatona, peluda o narigona. Como yo quiera porque nadie me va a quitar que yo soy mujer, aunque a ti no te guste. Bicharracas son ese primer grito, que viene desde el humor, pero diciendo que no me interesa cómo tú quieres que yo sea. Me gusta mucho dibujar, y en eso hay mucho de observar y burlarse del mundo.

¿Ahora  se están desdibujando más los roles que la gente asigna culturalmente a ambos géneros?

Sí, totalmente. Ahora es más complejo. ¿Qué es ser hombre y qué es ser mujer? Ahí te vas a la chucha porque todo se puede mezclar. Nada es muy de un lado o muy de otro, y eso es bacán porque te da una libertad increíble. No creo que todos los hombres y mujeres sean iguales, hay que tener la mirada abierta para dejar que entren nuevas cosas y que fluya.

Bicharracas.

¿Tus dibujos quieren resignificar el ser mujer?

No les pongo una meta a los dibujos. No me interesa que cambien el mundo. Sí creo que identifican a muchas mujeres y que se abren pequeñas libertades. Con Bicharracas me ha tocado participar en colegios en charlas y hablar del libro y niños y niñas discuten, hacen actividades. Me gusta mucho cuando las niñas se cagan de la risa y dicen que por fin hay un personaje que las identifica y da lo mismo cómo sean. Eso encuentro que es bacán que pase, que unos monos que yo hago en mi casa para reírme, que empecé hace mucho tiempo y sin ninguna expectativa, genere eso en la gente. Me gusta que pase, pero no lo busco, porque los dibujos no tienen una misión.

No están para desestabilizar estructuras.

Para nada, no me interesa. Quizás a otras personas le gustará más, pero a mí no me llama la atención. O sea, me gusta disfrutar cuando la gente disfruta, porque hay una conexión, una comunicación. Pero creo que mis dibujos muestran una realidad, una forma de ser y eso a veces a la gente la identifica y sí abre espacios que a lo mejor antes estaban cerrados.

La mujer elegante apunta al relato que las mujeres construimos para los demás. ¿Es un rasgo principalmente chileno?

A mí me parece que los chilenos somos súper de aparentar, de no decir las cosas de frente, nos cagamos de miedo. Por eso creo que el humor funciona mucho en nuestra sociedad, porque tiene eso de decir cosas muy fuertes pero no de frente, si no que por al lado. Yo soy así, me cuesta decir algo pesado  y me lo trato de aguantar. Es muy chileno eso, de no incomodar al otro. En los dibujos se me sale. Aunque también es bastante global en las mujeres, porque siempre nos ha tirado esta carga de que tenemos que ser correctas. Es muy de lo femenino esto de construirse una imagen para el resto, y a veces uno se la cree, ese es el cuento. La mujer elegante juega con eso, de hacerse esas preguntas y tratar de derribar esa apariencia y tratar de encontrarse a una misma en esa oscuridad, penas, fracasos. En esos lugares oscuros, encontrar una esencia, querer esa parte oscura de una, de decir estoy furiosa y está bien, soy violenta y está bien, soy envidiosa y está bien. Abuenarse, y entremedio de eso jugar y reírse de una misma.

Brígida nace en medio de las tomas y marchas feministas que denuncian la violencia machista. Precisamente varias de las colaboraciones tocan este punto. ¿Era una deuda que se tenía con este tipo de historias?

 Nosotras siempre quisimos hacer una revista. Con la Maliki empezamos a hacer amigas y teníamos las mismas preguntas, de por qué los hombres siempre organizan todo y son tan fomes. Por qué siempre nos entrevistan en los especiales de mujer, en el día de la mujer, y te preguntan los mismo. Empezamos a hacer el podcast La polola, ahí decíamos que siempre habíamos querido hacer una revista y de repente la Pati Aguilera y la Isabel Molina de la galería Plop! nos escribieron y nos dijeron unamos fuerzas y hagamos una revista. El primer número salió justo cuando empezaron las marchas, pero no fue pensado. Como que se alineó. Y justo con las tetas. Pero partió de esa idea, de hacer una revista con puras mujeres. En un carrete conversando  yo dije que igual me daba miedo hacerlo de puras mujeres y una amiga me preguntó qué tiene, si los hombres hacen muchas cosas sólo de hombres, y no tienen que darle cuentas a nadie, qué importa. Y ahí pensé que era cierto, algo que sea solo de nosotras no más, puras editoras, puras autoras. Y ha resultado la raja.

Revista Brígida.

¿Cómo resolvieron el nombre? Brígida tiene una connotación negativa también. De hecho, en general cuando un hombre quiere decir que una mujer es brígida está queriendo decir que complicada o que tiene una personalidad fuerte en un sentido dudoso.

Pensamos en Brígida por esa misma fuerza, para decir ´somos una revista de historietas hecha por puras mujeres y qué’. Somos brígidas. En el fondo, con esa misma idea de ser separatista y está bien. Cuática era otra opción, pero quedó Brígida. Después la Pati averiguó el significado y es una diosa de la creatividad, de  mujeres que tienen el fuego de la creatividad, son como medias brujas. Entonces quedó perfecto.

¿Este es el trabajo más evidentemente político que has hecho?

Sí, puede ser. Además que también es un trabajo colectivo. Como dibujante trabajas harto solo, estás en la tuya en tu taller y con Brígida la idea es generar un encuentro. Ese ha sido uno de los objetivos, no solamente publicar a las mujeres, sino que en los lanzamientos hacer actividades, que nos conozcamos y hablemos. Que las chiquillas que están empezando a dibujar puedan conversar con las que llevan más tiempo. Lo que queremos decir es que las mujeres también podemos hacer historietas, porque siempre están en el plano de la ilustración, de los cuentos infantiles. Cuesta apropiarse de las historietas, a mí también me costó porque mis referentes eran masculinos y yo odiaba un poco eso. No solo los hombres hacen historietas y las historietas son más que superhéroes. Entonces la idea es invitar a más mujeres a crear, y en ese sentido es político.

¿De qué falta que se hable en las historietas?

Desde siempre las mujeres, sobre todo las gringas, han tenido una onda con el cómic autobiográfico. Las mujeres pareciera que lo que más hacen es hablar de su propia experiencia, en cambio los hombres no lo hacen mucho. Les gustan más las cosas de fantasía, conquistar cosas, explosiones, el mundo de afuera, la búsqueda de algo. Y las mujeres pareciera que empiezan desde una intimidad. Entonces hay muchos cómic de mujeres antiguas que hablan de la regla, de denuncias de abuso. Hay mucho de lo cotidiano ahora, como de preguntas más existencialistas.

¿Cómo observas la escena de la narración gráfica en Chile?

Ahora hay mujeres que se están atreviendo a dibujar más y a tener estilos gráficos que muchas veces pareciera que en la historieta no se valida. Muchas mujeres no se meten en la historieta porque está la idea de que tiene que ser un dibujo perfecto, de muchos cuadros. Es mucho trabajo hacer un libro que después te lo lees en 10 minutos. Es horrible. Yo creo que ahora se están empezando a validar ellas mismas, más allá que sea por una editorial o un medio oficial. Están atreviéndose a decir que este es mi estilo de dibujo, cuento la historia de esta manera. Hay más valentía en ese sentido. Me gusta mucho cuando las niñas jóvenes validan su trabajo, se autopublican, organizan festivales y hacen unos libros increíbles ellas solas. Antes no era así, si no te agarraba una editorial no había espacio. Recién con internet, con los blog, que yo soy de esa generación, podías subir tu trabajo y la gente lo veía y era gratis. Ahora hay una cosa más atrevida, que encuentro que es bacán.

Deja un comentario