Susana Díaz Berríos y el cine documental

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La cineasta es parte del proyecto Escuela de espectadores críticos desarrollado en Biblioteca Viva Los Ángeles. Desde su experiencia como docente y productora conversó con nosotros sobre las tendencias en la producción documental nacional. Por: Esteban Muñoz.  

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En el marco de la V versión de la Escuela de Espectadores Críticos, realizada en Los Ángeles gracias a una alianza formada entre la Universidad del Bío Bío y Biblioteca Viva, se efectuó la clase “Corrientes del documentalismo 1960-2014” actividad dictada por la cineasta Susana Díaz Berríos,  licenciada en Cine de la Universidad Arcis y licenciada en Estética por la Pontificia Universidad Católica de Chile con 3 largometrajes documentales a su haber: “Supersordo: Historia y Geografía de un Ruido” (2009), “Hardcore: La revolución Inconclusa” (2011, premio del jurado SURDOCS 9º /premio del público a mejor documental On-Line Fidocs-Cinepata 2012) y “Ellas No” (2014, mención honrosa 11º Festival IN-EDIT).

El taller de Díaz Berríos incluyó un repaso por las tendencias en el cine documental contemporáneo a partir de los años 60 en adelante. Considerando desde las primeras creaciones icónicas en el documental chileno en dicha década, como “A Valparaíso” de 1964 obra del director holandés Joris Ivens, pasando por la crucial formación del Centro de Cine Experimental de la Universidad de Chile; el documentalismo realizado en el exilio político en los años 80; ciertos elementos del reportaje como en “Teleanalisis”, programa en formato VHS que circuló en clandestinidad; hasta la actualidad donde retomó el documental y sus nuevas aristas más contemporáneas desarrolladas por autores como la dupla formada por Betiina Perut e Iván Osnovikoff, Tiziana Pannizza, Maite Alberdi, entre otros  realizadores.

¿Cómo resumiría el recorrido histórico del documental nacional?

Primero como un documental con  vocación política y experimental, como lo estaba viviendo por aquellos años Latinoamérica en su mayoría. Luego fue evolucionando a un dispositivo autobiográfico por las razones obvias, se iba narrando el exilio de sus autores o protagonistas. Por eso se perdió toda la experimentación. Por la urgencia de la denuncia se retomó el periodismo, o el cine directo, y en este último tiempo ha evolucionado a múltiples discursos, llegando a un nivel muy alto en su labor como docente está en estrecho contacto como  nuevos realizadores.

¿En qué se focaliza el trabajo documental actual?

Es súper variado, lo que es interesante. Se ha abierto mucho a la experimentación visual y al documental musical, que es en definitiva lo que hago yo. También hay una visión íntima como el diario fílmico, o largometrajes más grandes que tienen muy buena fotografía, que resultan de buena factura, como los de Maite Alberdi, que es una línea que están siguiendo varios cineastas jóvenes, bien pulcra y metódica.

Se ha abierto mucho a la experimentación visual y al documental musical, que es en definitiva lo que hago yo. También hay una visión íntima como el diario fílmico, o largometrajes más grandes.

¿Existe una sintonía, entonces, con el documentalismo internacional?

Ahora sí. Hay un montón de documentales que les está yendo muy bien, como “La Once” de  Alberdi, que está ganado muchos premios en el extranjero. Hay sintonía con los documentalistas que saben y conocen como manejar coproducciones y de buena factura, o al menos esa es mi impresión. ¿Cómo ha sido su proceso personal como cineasta? Yo empecé en el documental de una forma bien instintiva, y creo que he progresado en esas investigaciones visuales que partieron de documentales retrospectivos donde lo que más me interesaba era el trabajo de archivo, pero también tenía una cosa más clásica.

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“Me interesa  lo que diga el público”

Susana Díaz Berríos actualmente se encuentra terminando una trilogía documental llamada “Después del rock” que retoma su primer trabajo: “Super-sordo”. Una muestra de su evolución y transformación, un retrato de algunas bandas como Familia Miranda. Además, espera desarrollar el proyecto, codirigido con Efraín Robles, sobre el reciente incidente del local punk “Doom”.

¿Por qué definiste una filmografía en el documental ligado a la música?

Tengo una trilogía de documentales sobre música underground de los 90. Primero fue “Supersordo”, que es sobre una banda de culto dentro de su circuito; está grabada en blanco y negro. Fue mi primera película, y la hice de forma bien instintiva. Luego vino “Hardcore”, documental de  mayor producción pero que en su estética se ve de menor presupuesto que la anterior porque está hecha con archivos de cámara muy amateur, de mucha gente. Esta película relata el auge y la declive del movimiento hardcore chileno en los años 90 y su segmentación, es una película que me demoré harto en hacer, porque eran muchas bandas, muy coral. Me gusta mucho este trabajo. Hice otra película que se llama “Ellas no”, que es un película íntima que muestra una banda de mujeres, porque quería ver qué pasaba entre “mujeres under”, todas más o menos de mi edad, y como se manifestaba un proceso creativo traumático desde la precariedad en músicos mujeres y amateurs.

¿Cómo recibes la crítica?

 Bien, pero a mí lo que más me importa es lo que pasa con los espectadores y con la gente a la que está dirigida el documental; desde ahí tuve muy buena acogida. También observé mucho interés en generaciones nuevas como yo, que me forje en el alero de esa música, que te invita mucho a intentar hacer cosas autogestionadas. Mi trabajo se basa en eso, en la colaboración entre amigos, y la búsqueda y solidaridad. Filo si no tienes los recursos hazlo no más. Más que la crítica especializada y lo que te pueden decir los académicos, me interesa  lo que diga el público.

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