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Cómo escribir una novela sobre estar postrada: «La coma» de María Florencia Rua

Articulo 2

La primera novela de María Florencia Rua, publicada por la editorial Elefante, narra la historia de Azul, una adolescente en un estado de coma que no es lo suficientemente profundo para neutralizar su conciencia.

Por Celso Iturra Avendaño.

Durante La coma (Elefante, 2019), su debut novelístico, la argentina María Florencia Rua (Buenos Aires, 1992) explora la imaginación y la percepción del estado vegetativo que aprisiona a su preadolescente protagonista. Tras un trágico accidente de tránsito en la pampa trasandina, Azul cae en un coma que, aunque la postra desesperanzadoramente, no es lo suficientemente profundo para neutralizar su conciencia: Rua narra desde una mente que observa y recuerda, pero que no se queda estancada en una subjetividad infantil sino que madura y desea desde ahí mismo, con un pasar del tiempo que es tan incierto para el lector como para su personaje.

La novela sigue el formato de un diario de vida, con apartados que comentan los sucesos diarios –la visita de las amigas, la ausencia del padre, los cuidados de la enfermera Nancy– pero que en ocasiones son reflexiones sobre el pasado protagónico que le entregan al lector nociones concretas y efectivas sobre quién es Azul. En ese sentido, La coma es una novela accesible al lector, con escenarios y personajes de dimensiones profundas que son tan abarcables como interesantes; esto a pesar de que el relato sea dominado por una voz que, por razones verosímiles, tiene un alcance limitado sobre el mundo que la rodea.

Gran parte del dinamismo que sostiene La coma tiene que ver con este universo o, más bien, de las relaciones que Azul establece con sus sujetos. A través de ellas, Rua propicia no solo la acción y tensión que sostiene su relato, sino que también los comentarios culturales que refrescan su novela. Muy tempranamente en la narración aparece un atisbo del despertar sexual de la protagonista, en su infatuación lésbica por su enfermera Nancy, a quien agradece todos los cuidados y responsabilidades sobre su cuerpo. Bastante más tarde en el texto, la desaparición de su padre nos cuenta sobre las rupturas familiares y la soledad de otra madre abandonada más. Con estos gestos sobre la diversidad sexual y las irresponsabilidades masculinas, entre varios otros, Rua sitúa su novela como un artefacto cultural relevante para una temporalidad social, que se acerca al lector contemporáneo o millenial desde problemáticas que le son urgentes.

El estilo con que la escritora desarrolla su texto también le es familiar a la escritura actual. Un texto técnicamente simple, marcado por contadas referencias a un campo cultural común, que avanza en oraciones breves de párrafos largos. La coma es una novela fácil y rápida de leer, muy ad hoc con las necesidades del joven lector voraz que está acostumbrado a la síntesis textual del tweet y el relajo del post. Esto no la hace una publicación vanguardista, distanciándola de otros libros publicados por Elefante, pero sí la vuelve más accesible, lo que, en las condiciones actuales de la divulgación literaria, es un rasgo mucho más importante y necesario. Vale destacar que Rua sí tiene una intención estética que cohesiona su texto, que da luces de un buen trabajo de edición: a medida que la novela se desarrolla, más nos distanciamos del universo material que rodea Azul y más nos adentramos en su interioridad que se desborda exponencialmente.

María Florencia Rua tiene formación de poeta. El carácter lírico de sus teclas aparece inevitable pero oportunamente en las imágenes que construye en su texto, en la descripción de sus objetos, que endulzan su novela. La coma es una exitosa exploración narrativa y, también, una muy responsable. Rua construye en texto gracias a un argumento concreto que aborda íntegramente y cuyas metas cumple; esta completitud de la novela es grata para los lectores. La lección sobre literatura que nos deja La coma es que cualquier evento o estado puede ser el fundamento para una trama exitosa, pero que una trama es siempre necesaria para hacer un texto entretenido.

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