Literatura chilena contemporánea: un abanico espléndido

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Intentar hablar de literatura chilena contemporánea como un todo, más allá de su origen geográfico, sería un despropósito. Es tan diversa como nuestro país y cualquier recomendación, probablemente, dejará parte de lo mejor fuera. Hecha la advertencia, les invito a leer aquí una pequeña muestra de la heterogeneidad que habita nuestra literatura en novela, cuento, poesía y dramaturgia, hecha a partir de la subjetividad de quien escribe.

Por Ismael Rivera

Dramaturgia

Comenzaré con uno de los géneros menos explorados por lectores y lectoras: la dramaturgia. Si bien esta está concebida para ser llevada a una puesta en escena, no debemos subestimar su capacidad para hacernos darle vida en nuestras cabezas a las voces que ahí se nos presentan. Hoy, las mujeres han ido tomándose la dramaturgia nacional, rompiendo con años en los que la costumbre fue relegar su escritura a un segundo plano.

El primero de los libros que quisiera recomendar es Hilda Peña (Punto de Giro, 2018), de Isidora Stevenson, monólogo que aborda el dolor de una madre ante la muerte de su hijo en un asalto a un banco en el Chile de los 90. Este texto fue premiado en la XVI Muestra Nacional de Dramaturgia, de la cual Isidora es directora este año. Stevenson (Los Ángeles, 1981) pone su mirada en un relato alejado de lo épico, adentrándose en la intimidad del sentir anónimo, de aquellas mujeres que no tienen cabida en la historia oficial, de aquellas madres que perdieron a sus hijos por partida doble: porque a nadie le importó, porque todos lo olvidaron.

Otra ineludible si hablamos de dramaturgia de mujeres es Carla Zúñiga, de quien recomiendo su primera obra, Sentimientos (Ediciones Oxímoron, 2019). Zúñiga (Santiago, 1986) invita a pensar sobre los juicios y prejuicios que recaen sobre el cuerpo de una adolescente, Antofagasta, tras viralizarse un video íntimo en el que ella aparece. Todos quienes la rodean pretenden controlar su vida, su sentir, sus acciones. El colegio y los rumores, la profesora y sus amenazas, el silencio con su madre. ¿Cuántos la escuchan a ella realmente? A partir de una historia íntima y no exenta de humor negro, somos invitados a revisar cómo nuestro actuar es capaz de afectar a quien tenemos al lado.

 

Poesía

La poesía es uno de los géneros que más se publica en nuestro país, pero, paradójicamente, no tiene un público lector masivo. Se suele pensar que es difícil de entender, como si de eso se tratara la poesía. Los poemas  incentivan a mirar de otra forma el cotidiano, desplazando el significado de una palabra a un plano simbólico y estético que, más que a entender, nos invita a preguntarnos por el sentido de lo que se dice.

Quiero destacar aquí el libro Animitas (Cerrojo Ediciones, 2017) de la poeta Yeny Díaz Wentén. En este, su segundo libro, aborda la figura de las animitas, propias de la cultura latinoamericana, mediante el uso de tres voces distintas. Incorpora además la tradición oral mediante canciones que van intercaladas entre los poemas. Díaz Wentén (Los Ángeles, 1983) nos transporta en cada verso al mundo anónimo de aquellas y aquellos que acompañan desde las veredas a quienes seguimos avanzando por el camino de la vida, con un manejo envidiable del ritmo y la imagen poética.

En Este pasar de cosas (Edicola, 2015), la poeta Angélica Panes presenta el cotidiano y cómo este refleja a un país completo. Intercala el verso libre y la prosa poética como recordándonos que la vida es igual de poco esquemática. Como fotografías de un instante, los versos de Panes (Santiago, 1986)  hablan de la infancia, el oficio escritural entre las labores domésticas, las risas impostadas y las sinceras, la compañía de lecturas, películas y canciones.

 

Cuentos

El cuento goza de buen presente en Chile. Ha aumentado el número de editoriales que apuestan por este género breve, como Libros de Mentira o Sherezade, ampliando el abanico de opciones al momento de buscar. Aquí dos joyitas para descubrir.

Visión del tigre (Librosdementira, 2018), de Nicolás Sepúlveda, consta de siete relatos breves que hacen propio a los grandes exponentes del género. Con guiños a Borges y Cortázar, Sepúlveda (Concepción, 1982) nos lleva a adentrarnos de lleno en el mundo de la ficción, dejando de pensar  este como un mundo que corre paralelo al nuestro,  transportándolo lejos de las escrituras del yo, como parte indivisible de nuestro estar. Siempre habrá un orificio en la realidad por el cual lo mágico y lo grotesco se colarán inevitablemente.

Xampurria, somos del lof de los que no tienen lof (Pehuén, 2015), de Javier Milanca, es uno de los libro de cuento mejor logrados de los últimos años. Con una escritura cargada a la oralidad, estos relatos son envolventes, como si de una conversación de amigos en un bar se tratara. Andanzas, malaventuras, mitos, reivindicaciones van poblando sus páginas, alejadas del ajetreo capitalino e imbuidas en el olor a tierra mojada tras la lluvia. Milanca (Valdivia, 1970) habla del ser mestizo, champurria en madungún, y de la riqueza que habita en esta doble militancia.

 

Novelas

Tal vez el género preferido por lectoras y lectores sea la novela. Reconocernos en los personajes, odiar a unos, simpatizar con otros. Ir desenredando el ovillo de la historia página a página. Autores y autoras nacionales han recibido destacados premios por sus novelas, aumentando inevitablemente la valoración que de ellas se tiene. Me detendré en dos de los libros que más he disfrutado de los últimos años.

Abundan las novelas sobre el pasado reciente de Chile, pero ninguna lo hace como El cristo gitano (Emergencia Narrativa, 2016), novela debut de Nicolás Cruz Valdivieso. Con una escritura alejada de cualquier chilenismo, intencionadamente neutra, Cruz Valdivieso (Santiago, 1981) pareciera querer despistarnos. Los lugares que se nombran hacen recordar a Chile, pero se llaman distinto. Ezequiel, un niño huérfano y marcado por la infancia violenta, crece para transformarse en el cristo de los olvidados por la historia. Una novela cruda y original que se escapa de la autoficción para llevarnos a la parte más oscura del ser humano.

En Ella estuvo entre nosotros (Overol, 2019), primera novela de Belén Fernández Llanos, nos enfrentamos a la historia de una hija que perdió a su madre. Fernández (Santiago, 1986) habla mediante una narración aparentemente lejana al melodrama, no por eso menos íntima,  y desde la crudeza del crecer de golpe, sobre una historia de precariedad afectiva y de sistema. Nos obliga a preguntarnos: ¿Cuánto daño ha hecho la exclusividad de acceso a la salud en las vidas de miles? ¿Cuánto silencio familiar sigue asumiendo el horror como forma de muerte? ¿La precariedad? ¿Qué pasa por la cabeza de una niña cuando paga por tener información y formación para entender la enfermedad?

Insisto en la idea de que esto es solo una pincelada dentro del amplio abanico de estilos, voces y temáticas que hay en nuestra literatura contemporánea. Queda hecha la invitación a descubrir nuevos géneros, arriesgarse con autores y autoras jóvenes que están dando un nuevo aire a nuestras letras, desafiando al lector a encontrarse en sus líneas como quien se mira frente a un espejo.

 

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