«Sirenas» de Jessica Love: ¿Cómo hablamos de diversidad?

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Sirenas es la primera publicación de Jessica Love. Fue galardonada con el Stonewall Book Award en 2019, y ha recibido numerosos elogios. Además, es uno de los libros seleccionados como imprescindibles de la LIJ por Troquel. Ja’nos Kovacs, mediador de lectura de Biblioteca Viva Los Dominicos, nos comparte su lectura de esta obra que aborda la diversidad.


Lo primero que sentí al terminar de leer Sirenas (Kókinos, 2018) fue ternura. Luego me sobrevino el deseo de haberlo encontrado antes, de que me lo hubiesen leído cuando era niño.

La trama es simple. Julián es un niño al que le encantan las sirenas, le encantan tanto que desordena el comedor buscando cosas que lo transformen en una; se pinta con el labial de su abuela, hace una cola con las cortinas del cuarto y se fabrica una peluca arrancando las plantas de sus maceteros. Acto seguido, su abuela lo pilla con las manos en la masa. Tensión. Julián se ha convertido en una hermosa sirena y, lejos de castigarlo o avergonzarlo, su abuela lo lleva a un carnaval repleto de personas que, como él, se transformaron en algo distinto a lo que eran. Algo que los hace felices.

Sirenas es la primera publicación de la escritora e ilustradora estadounidense Jessica Love. La versión en inglés (Julian is a Mermaid, trad.lit. Julián es una Sirena) fue galardonada con el Stonewall Book Award en 2019, y desde su lanzamiento ha recibido numerosos elogios en medios digitales que van desde lo académico —María Popova, de Brain Pickings ,dedica un artículo completo a la obra de Love a la luz de autores canónicos como E.E. Cummings y James Baldwin— hasta lo masivo, siendo recomendado por el New York Times en 2018. Si bien la publicación original hace hincapié en la diversidad y en la autodeterminación (pues el título en inglés es asertivo y no deja espacio para cuestionamientos, Julián es una Sirena), la traducción de Esther Rubio no se queda del todo corta. Esto si tenemos en cuenta que la traducción siempre deja un resto indivisible, una parte irrecuperable.

La historia de Love rinde homenaje a múltiples tipos de diversidad. El tributo más obvio es la materialidad del libro, las páginas que sirven de soporte para sus ilustraciones están hechas de papel marrón; Julián y su abuela son indiscutiblemente latinos, algo mucho más evidente en la versión original, escrita en spanglish. A la diversidad racial y cultural hay que sumarle el que Julián y su abuela sean también una familia no tradicional, ya que quiebran el modelo madre-padre-hijo, y que exista una representación de gustos y deseos que rompen con los roles de género tradicionales.

En la gran mayoría de las narrativas LGBT+, los protagonistas alcanzan la plenitud, la felicidad o el éxito luego de haberse visto envueltos en algún tipo de pugna, ya sea interna (con un yo que no logra hacer las pases con su identidad/deseo), externa (con alguna figura ajena al yo que reprime y tortura o castiga) o una mezcla de ambas. El paradigma de “salir del closet”, o de afirmarse distinto a una norma (afectiva o identitaria), involucra necesariamente una lucha. Se abra desde fuera o desde dentro, la salida del closet se narra (y se vive) como el comienzo de un camino arduo y doloroso que, y siempre en futuro, se pone mejor. Y, siendo realistas, dicha concepción no es meramente literaria, pues hasta cierto punto el arte imita a la vida y las narrativas trágicas del comming out son un reflejo del patrón más común: rechazo, castigo y burla. Sin embargo, los paradigmas no son autosuficientes; los alimenta y los sostiene la cultura a través de sus objetos y el discurso. Lo dijo Oscar Wilde (Irlanda, 1854-1900) en La Decadencia de la Mentira (1981): “la vida imita al arte mucho más que el arte a la vida”.

Una de las cosas bellas de Sirenas es que se desmarca del paradigma trágico: Julián no debe luchar por ser aceptado. Aunque sí hay un momento de tensión en la historia, que ocurre cuando Julián es descubierto por su abuela y vemos que ella frunce el ceño, no existe lucha. En mi experiencia como mediador de lectura, cuando cuento esta historia y le pregunto a los niños cuál puede ser la razón por la cual la abuela de Julián está enojada, suelen haber dos respuestas. Una es que la abuela de Julián se enojó porque Julián está disfrazado de sirena, a lo que usualmente le sigue un “solo las niñas pueden ser sirenas”. La otra respuesta que suelen darme es que la abuela de Julián está enojada porque Julián desordenó la habitación al disfrazarse. La última respuesta es la que más me gusta. Es la prueba de que los niños pueden, por sí solos, imaginar escenarios en los que la causa del enojo o la tensión no sea la diferencia. Esto, llevado a lo macro, sería un cambio de paradigma. Ese es el potencial de la LIJ (literatura infantil y juvenil).

Cuando somos adultos, desarmar los paradigmas de la discriminación cuesta más, simplemente porque nos acostumbramos a interactuar con los demás desde la apatía y desde el odio. Y no deja de ser paradójico, aunque no poco común en términos históricos, que nosotros —la generación a la que le hablaron poco y nada de diversidad— tengamos que imaginar maneras de hablar con los más pequeños sobre el valor de ser distinto. ¿Cómo hablamos de diversidad? Jessica Love nos muestra una posibilidad: hablamos de diversidad como si fuese un carnaval multicolor al que todos están invitados.

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